jueves, 10 de junio de 2010

Confusión de sentimientos

Desde esa noche en que ese hombre al que él reverenciaba entre todos, le abrió su destino, como se abre un recio caracol, desde esa noche, todo lo que nuestros escritores y nuestros poetas nos refieren de extraordinario en sus libros, y lo que las obras teatrales ocultan entre bastidores, como si fuese demasiado trágico para la luz de proscenio, le pareció infantil y sin importancia. Desde esa noche su vida cambió.
¿Es por indolencia, cobardía o insuficiencia de visión que todos se limitan a diseñar la zona superior y luminosa de la vida, en la que los sentidos actúan abierta y legítimamente, en tanto que, abajo, en los sótanos, en las cavernas profundas y en las cloacas del corazón se agitan, despidiendo fosforescentes resplandores, las bestias peligrosas y reales de la pasión, acoplándose y desgarrándose en las sombras, bajo todas las formas de la mezcolanza más fantástica? ¿Están asustados por el aliento, quemante y devorador, de los instintos demoníacos, por el vapor de la sangre ardiente? ¿Tienen miedo de ensuciar sus manos demasiado delicadas en las úlceras de la humanidad, o bien sus miradas, habituadas a claridades más mates, son incapaces de conducirlos a esos peldaños resbaladizos, peligrosos y repugnantes de putrefacción? Y, sin embargo, el hombre que sabe no experimenta alegría igual, a la que se encuentra en la sombra, estremecimiento más poderoso que el que congela el peligro, y par él, ningún sufrimiento es más sagrado que el que, por pudor, no se atreve a manifestar.
¿Dónde se oculta, detrás de qué máscara, se encuentra el rostro de Eros?
Hay vidas que se arrastran durante eternidades, como una babosa, dejando a su paso un rastro viscoso de glacial espanto. Una vida de asco, de limo, de horror, de fantasmas, de pocilgas llenas de humo y de turbias luces. Hay vidas que soportan, en esos resbaladizos caminos todas las humillaciones, todas las vergüenzas y todas las violencias... Y a veces la voluntad debe tenerse como acero, para ocultar esa duplicidad de la vida diaria, para hurtar prudentemente a las miradas extrañas ese secreto tan aterrador como la cabeza de Medusa. Gozo sin placer, ansiedad que ahoga; y poco a poco se vive honda, oscurecida y tímidamente oculto en sí mismo. Ahora sabe que le amó desde la primera vez que le vió, jamás había oído a un ser humano hablar con tanto entusiasmo y de un modo tan realmente cautivador; asistía por vez primera a eso que los romanos llamaban raptus, es decir, al vuelo de un espíritu por encima de sí mismo. ¿Qué temblor flanqueó ese umbral de su piel por primera vez?
Podría haber bailado de alegría, de orgullo, de felicidad; su secreto quizás rechazado y profundamente oculto. Cuando se acercaba... poco a poco sus pupilas, que por lo general sólo tenían color por intermitencias, como un fuego a eclipses, se llenaban de ese azul claro y pleno del alma que, único entre todos los elementos, puede formar la profundidad del agua y la profundidad del sentimiento humano. Y ese azul brillante ascendía desde el fondo de sus pupilas, avanzaba, penetraba en él; sentía que la onda ardiente que de ellas emanaba, atravesaba blandamente su ser, se expandía ampliamente en él y concedía al alma una alegría vasta y extraña: todo su pecho se había dilatado bruscamente ante el chorro de esa potencia y sentía florecer en él una gran fiesta.

El joven, límpido y hermoso, estaba a su lado oyendo su voz, temblar de repente, se inclinaba hacía él, tan cerca, que su aliento se deslizaba sobre su rostro. Nuevamente sentía el calor envolvente de sus miradas, nuevamente sintió esa extraña luz, como... como en esos raros y singulares segundos que se producían entre los dos.
Ese hombre pleno de amor murmuró muy quedo, moviendo apenas los labios:
- Yo... yo... también te amo.
Comprendió entonces, completamente turbado la ternura con la cual venía hacia él y su brusca defensa, el amor siempre lo había sentido en él, tierno y tímido, ora desbordante, ora nuevamente trabado por una fuerza todopoderosa, ese amor lo había gozado con él en cada uno de sus rayos fugitivamente caídos sobre sí. Empero, cuando la palabra “amor” fue pronunciada por esa boca de pez, con un acento de sensual ternura, un estremecimiento a la vez dulce y aterrador pasó ruidosamente por sus sienes. Y, a pesar de la humildad y de la compasión en que ardía ante él y por él, su joven ser, completamente turbado, tembloroso y sorprendido, no halló una palabra para responder a su pasión, que se revelaba a sí de improviso. Aquí, un hombre se revela en su más absoluta desnudez, aquí un hombre desgarra lo más profundo de su pecho, dispuesto a dejar al desnudo su palpitante corazón, envenenado, consumido y supurante, mediante un salvaje acto de flagelación. Únicamente alguien que ha tenido vergüenza, que se había encorvado y ocultado durante una vida entera, puede, con semejante embriaguez desbordante, descender hasta lo implacable de tal confesión. Trozo a trozo, un hombre arranca su vida de su pecho, y en ese momento, ves por primera vez, con trastornados ojos, las inconcebibles profundidades del sentimiento humano.
Nunca ese hombre, que empezaba a envejecer, había visto un afecto puro, agotado por las desilusiones, desgarrados los nervios por esa terrible caza a través de las espinosas marañas, pensaba ya con resignación que su existencia no era sino una ruina. Hete aquí, que entonces, el amor entró apasionadamente en su vida, ofreciéndose jubilosamente a sí mismo, en sus palabras y en su ser, al profesor envejecido, dirigiendo todo su ardor hacia él, que estaba aterrado ante ese milagro que ya no esperaba vencido y sin comprender, llenando su vida de aquél mensajero de juventud, un ser hermoso con sentidos apasionados, ardiendo con él y por él.
Un ser humano no podía hablar de esa manera más que una sola vez en su vida a otro ser humano, para callar luego para siempre, tal como se dice en la leyenda del cisne, que únicamente al morir puede, únicamente una vez, elevar hasta el canto la ronquera de su grito. Y él acogía en sí esa voz que ascendía cálida, inflamada y penetrante, la acogía estremeciéndome dolorosamente, como recibe una mujer al hombre en su ser...
En esa claridad confusa, le atrajo hacía sí, sus labios apretaron ávidamente los suyos, en un gesto nervioso, y en una especie de trémula convulsión se mantuvo apretado contra su cuerpo. Fue ese un beso como nunca recibió de una mujer, un beso salvaje y desesperado como un grito mortal. Su alma se abandonaba a él y sin embargo estaba espantado hasta lo más profundo de si mismo por la repulsión que había en su cuerpo al hallarse en contacto con un hombre, espantosa confusión de los sentimientos. Se soltó, entonces, para siempre... se adueñó de él una compasión infinita, su ronca y sorda voz, a través de las manos crispadas que ocultaban su rostro...¡¡Vete!! ...No, no te acerques... ¡¡Por el amor de Dios!! ...¡¡Por el amor de los dos!! ... ¡¡Vete, ahora!!
Nunca volvería a verle... pero todavía hoy después de tantos años, siente que a nadie ha amado más que a él.

Hombre lento

Es un gran libro porque es una gran historia. Otra vez el destino teclea en su esotérica máquina de escribir, la historia de algunas vidas. El hombre del muñón, que se despierta en un capullo de aire muerto y comienza a ser víctima de una pasión inapropiada. La ambulante señora balcánica, Marijana, una amarga y fría Dulcinea; Elizabeth Costello, que viene a desafiar y necesita un inhalador; Marianna la de las dos enes, que se pone el vestido del revés. Todos vienen a demostrar lo extravagante y pintoresco que es el pensar, que a uno le van a mandar una notificación avisando de cuando le llega la hora. La hora supuesta en que tu vida cambia, para ya nunca ser la misma, para desordenar tu alma.
Coetzee, nos monta en bicicleta, sentimos un terrible impacto y nos hace perder una pierna; todo eso para hacernos saber, que caminar en esas circunstancias, no es divertido; pero también debemos saber que después de cierta edad todos hemos perdido una pierna, más o menos. La pierna ausente no es más que una señal, o un símbolo o un síntoma, de hacernos viejos, viejos y poco interesante.
Así que ¿de qué sirve quejarse? ¡Escuche! No consuma sus propias penas............le dice a gritos la señora Costello al hombre del muñón. Ella quiere saber sobre un problema de corazón, pero no cardiaco. Necesita averiguar qué pasa cuando un hombre de sesenta años compromete su corazón de forma inconveniente. Ella le da opciones que él no quiere oír. Él no quiere escuchar su Tic-Tac con los ojos cerrados, junto a señoras con vestidos del revés, él sabe que no puede querer a Dios sobre todas las cosas; él ama a Marijana sobre Dios y sobre todas las cosas. Hay una “blessure” en su viejo corazón, que el destino no quiere curar; entiende y comprende que no puede cuidar a unos seres que no le pertenecen, pero no puede evitar amarla profunda y tiernamente; con un enorme respeto, necesita esa “copina” para sus últimos días.
Coetzee, intenta que el hombre del muñón sepa, Costello intenta que el hombre del muñón sepa, Dios intenta que el hombre del muñón sepa; que perder una pierna o perder a Marijana, no es más que un ensayo para perderlo todo. ¡¡Vamos, da una patada al suelo!! Toma decisiones, Paul; no desarrolles carácter de tortuga, ella se pasa una eternidad husmeando el aire antes de asomar la cabeza. Cada bendito paso le cuesta un gran esfuerzo, no, eso no. Don Quijote no se trata de un hombre que se queja de lo aburrida que es la Mancha. Trata de un hombre que se coloca un bacín en la cabeza, sube a su viejo rocín y parte a emprender grandes hazañas.
Que difícil, seguir conservando la sensación de ser un alma con una vida espiritual completa, a la vez, que sentirse un saco de sangre y huesos con el que está obligado a cargar. Paul, un animal tullido, pasa por un terrible momento, desesperanza, desánimo, no quiere pensar, no quiere reflexionar. ¿Son los movimientos de las partes de su cuerpo puramente caprichosos? Para él todo se reduce a una cosa, un solo movimiento: la inflamación del alma, la inflamación del corazón, la inflamación del deseo. ¿Qué sabe el deseo de mutilaciones o de compromisos inapropiados? Nada, el deseo de eso, no sabe nada.
En “Hombre Lento” asistimos a la colisión de la coexistencia de dos planos distinto ¿El hombre del muñón puede ser un personaje de ficción dentro de una novela? ¿Elizabeth Costello, es un Dios sin piedad? Continuamente el autor sugiere que Paul no es más que una marioneta ¿Quién mueve los hilos? ¿Coetzee, Dios o la señora Costello? Una impresionante e inteligente novela, cargada de sentimientos auténticos, que habla de sufrimientos, de lo que los sufrimientos pueden enseñarnos. Cuenta sobre Eros, sobre el deseo, y lo inevitable del deseo, sobre la naturaleza del amor y sobre la soledad humana. Fría, concisa, precisa e inmensamente poética, sin necesidad de muchas palabras solo alguna voltereta literaria. Excelente

El edificio Yacobián

Nos vamos unos días al Cairo……………….a conocer los últimos setenta años de la historia de Egipto. No buscamos en libros ni en documentales, no, no. Alquilamos un chiquito cuarto en el Edificio Yacobián. Nos mudamos a una de las avenidas más importantes de la ciudad. Un edificio impresionante, diez plantas, ocupa tres esquinas de la calle, un enorme garaje trasero y una azotea con cincuenta pequeños trasteros que se alquilan como viviendas. Quizás sea la mejor manera de conocer un país lleno de contrastes, la discriminación de la mujer, o las dificultades de los jóvenes para ascender en la escala social.
Llevamos a la sociedad egipcia al internista y le hacemos una radiografía, en la que rompe los tabúes y detalla sin tapujos la corrupción, el sexo, la represión policial, la miseria, el fanatismo y la hipocresía moral y religiosa. A veces la realidad no es agradable, claro que no, solo es soportable. Así lo viven la mayoría de los vecinos de esta azotea, que brilla solo por la enorme vida que respira. Todo es un gran latir, en el que existe más ternura que amargura.
Es un verdadero placer compartir sus vidas unos días, viviendo con ellos, en uno de esos pisitos de dos metros cuadrados con paredes y puertas de metal, donde la vida se hace más, fuera que dentro, donde corren niños y gallinas por la azotea, donde los hombres fuman narguiles y charlan en las noches calurosas.
Allí conocemos a Zaki Bey, un anciano hedonista, alcohólico, cosmopolita y mujeriego. Busayna Sayed, una bella joven que se deja toquetear a cambio de unos billetes. El culto Hatem Rechid, con una sexualidad trastocada por una infancia solitaria y gratificada en el suelo y por la espalda, que pasa sus noches depredando en bares. La intriga política la conocemos a cargo del empresario Hagg Ezzan, que juega con droga y algo más. El corte de aspiraciones nos lo enseña Tahe Shazli, el hijo del portero, con una vida frenada por la portería y llevado de cabeza al fanatismo y al matrimonio. Ha sido una bonita experiencia conocer a esta gente y sus costumbres, sorprende la agitada vida sexual de los vecinos, a pesar de la religiosidad y el obligado decoro en la mujer. Todo no es lo que parece.
Pasar unos días en la calle Suleimán Pacha, en la azotea del edificio Yacobián es como aceptar la invitación de algún vecino de 13 Rue del Percebe, pero en serio. Yo me quedo con la única historia de color de la azotea, una historia de verdadero e increíble amor, una historia de “La vie en rose”, con música de Edith Piaf. Busayna pensó que lo que estaba sucediendo entre ella y Zaky Bey era algo extraño e inesperado. En su interior quería escapar del amor que sentía. Deseaba quedarse con él para siempre, cuidarle, respetarle; ¡Cómo le gustaba su cara de anciano cuando la escuchaba atentamente, le contaba sus historias y le hablaba bajito! Los sentimientos hacía él habían ido creciendo en fuerza hasta aquella mañana en que descubrió que le amaba. Antes de dormir recordaba lo que habían hecho, sonreía y le invadía un torrente de ternura. Zaky Bey, con sus setenta y cinco años, no podía creer que Alá le tuviera guardado este abrigo, reían juntos porque él quería vivir otros treinta, le hacían falta. Le hacían falta para seguir sintiendo el cuerpo de ella ardiendo de deseo bajo el suyo. Le hacían falta para hacer el amor en el cuartito de la azotea o simplemente quedarse tumbados, contemplando sus rostros. Le hacían mucha falta, pero a veces se necesita muy poco para ser feliz, solo hablar en susurros para ahuyentar la tristeza y no esperar el final. Gracias Busayna, por contarme tu historia de amor, tan maravillosa; hay mujeres portadoras de fortuna, que en definitiva son una bendición, ojalá tú seas una de ellas. Él prometió llevarte a París, mientras escuchabais la canción, él te la contaba porque tú no sabías francés, yo te regalo unas letras para que la puedas leer. ¡¡Buen viaje, a los dos!!
Ojos que hacen bajar los nuestros
Una risa que se pierde sobre su boca
He aquí el retrato sin retoque
Del hombre al que pertenezco.
Cuando me toma en sus brazos,
Me habla todo bajo,
Veo la vida en rosa,
Me dice palabras de amor.
Palabras diarias,
Y eso me hace algo.
Entró en mi corazón,
Una parte de felicidad
Que conozco la causa.
Él es para mí, Me lo dijo, lo juró
Por la vida.
Más noches de amor por terminar
Una gran felicidad que se sienta
Sus problemas y penas se borran
Feliz, feliz a morir
Bellísima novela, el autor, al escribirla, ha provocado un terremoto social y literario en El Cairo. Y en mí, ha dejado un bonito recuerdo de este paso por la azotea, me ha regalado un puñado de vidas amigas a las que podré saludar y unos emotivos recuerdos al sentirme invitada a la boda de Busayna y Zaky Bey, de vivir con ellos esos momentos mágicos, ver esos ojos cansados, de enamorado mirar a la novia. Fue una tormenta clara y espontánea de amor compartido que nunca olvidaré. Un prodigioso lugar

Conocimiento del infierno

Dicen que el mar del Algarbe está hecho de cartón como en los decorados de teatro y las gentes no lo notan: extienden meticulosamente las toallas en el serrín de la arena, se protegen con gafas oscuras del sol de papel, pasean por ese escenario, anclan al atardecer en terrazas artificiales, donde se sirven, en vasos que no existen, bebidas inventadas que dejan en la boca el sabor sin gusto de los Whiskies de las películas. Se dan baños de agua sin mojar y juegan con olas que se diluyen sin ruido en la playa, decoradas con el ganchillo manso de la espuma. Si miran al cielo ven un reflector color naranja, manejado desde un hueco entre las nubes por un electricista invisible. Así, piensan ellos que es.
Así es, así se imaginan ese paisaje los que no lo pueden ver. Así es para ellos, que a pesar de tenerlo tan cercano, no pueden salir, no lo pueden contemplar. Ellos viven en una casa de salud, pasillos y más pasillos donde los pasos y las voces adquieren inquietantes amplitudes de caverna, salas enormes, repletas de mujeres inmóviles instaladas en sillas con respaldo, mirando con la fijeza de las estatuas de cera, en actitudes de espera. Muchachas inmóviles, erguidas, apretando contra el pecho su juguete y permitiendo que los ángeles se le posen en los hombros, en los cabellos, en los brazos, como los pájaros en las estatuas de los parques. Un pasear de monjas que se deslizan sin sonido por los baldosines del suelo, ondeando levemente las campanillas superpuestas de las faldas, cruzándose con adolescentes deformes que babean en bancos de madera abriendo y cerrando terribles bocas sin dientes, viejas con babi insinuándose con gestos de cocotte, y mechones incoloros.
Así es su hogar, el psiquiátrico, un lugar donde mandan unos chiflados sin gracia, payasos ricos que tiranizan a los payasos pobres de los pacientes con bofetadas de psicoterapias y pastillas, artistas del poder enharinados de médicos, amos y dueños de las cabezas ajenas, de los rotuladores de los sentimientos de los otros; ellos clasifican, etiquetan, hurgan, remueven, no entienden, se asustan por no entender y sueltan sentencias definitivas y ridículas. A ellos los domina una gran estupidez de comprimidos, una incapacidad de amar, una ausencia de esperanza, entran cada mañana en el manicomio como en un hospicio de leprosos, apartándose lo más posible de sus inquilinos como si, al tocarlos, corriesen el riesgo de contagiarse de un mal abominable, de perder el sentido, de recargar la chaqueta con medallas ridículas de lata y creerse Napoleón. Temen que les cierren las puertas, les pongan un pijama reglamentario y no los dejen salir nunca más, salir a ver el mar de cartón. Y conformarse con resurgir de una puerta del pasillo cada mañana poco a poco como Lázaros perdidos en su propio mundo. Prefieren seguir sin entender a los internos, seguir firmando terapias, paro no comprender qué ocurre detrás de las expresiones vociferantes u opacas, de los ojos apagados, de las bocas sin saliva de los enfermos, prefieren que se les reconozca su condición de patrón, de amo, de carcelero, de dueño de los locos que deambulan por el patio, arrastrando los pies. Se creen cardenales de una compleja religión con divanes como altares, con un Freud por Dios, que les permite observar un centímetro cuadrado de epidermis mientras el resto del cuerpo, lejos de ellos, respira, palpita, late, se sacude, protesta y se mueve.
Un libro doloroso, un retrato del mundo de los locos, un mundo cercano a nosotros, tanto que lo podemos llevar dentro, ahí está, sumiso, apático y latente. Un descenso a los infiernos del dolor. Un monólogo interior que da un repaso a las mentiras de una sociedad, una angustia sin remedio. Aquí paseas a la vez por los pasillos de un psiquiátrico, y un lugar tan bello como Portugal. Es sentirte vagabundo y perdido en la bella visión de sus paisajes y despedazado al entrar en ese lugar. Un ir y venir y nunca volver. Son letras que penetran en los huesos y la carne de las mudas y tristes criaturas que habitan espacios sin noches ni días, sin derechos ni esperanzas.
Lobo Antunes hace caso de la antigua solidaridad, y rompe la soledad de esos locos asumiendo su voz, en un grito ausente y desgarrado. Al gritar, da forma a una clara denuncia de las prácticas médicas obsoletas e inhumanas. En “el acto de narrar” da el salto al vacío en pos de las profundidades donde habita la bestia humana, mientras saltamos el autor nos invita a abandonarnos junto a su memoria y el recuerdo del sufrimiento ajeno. Son palabras que despiertan, vibran en tu interior, pueden parecer palabras tristes, como a veces lo es la vida misma, pero es una tristeza bella porque sus palabras son un tren que nos lleva al interior del interior, donde se transforma en letras lo que no tiene letra alguna. Lobo Antunes tiene un don, el de saber explorar el potencial expresivo de la palabra, y usarla para llegarnos en forma de alarma constante con un sonido envolvente.
Es una lectura impresionante, no hay párrafo vacío, ni palabra ausente, todo tiene su lugar. El autor solo deja por decir: ¿Quién le ha dado la llave para abrir lo que llevamos dentro?

Se abrirán las alamedas

Llego a esta historia para saber de un hombre grande, un hombre-símbolo de honradez, valentía y lealtad a un pueblo. No llego a esta historia para saber de un político, sino de un hombre que a pesar de estar su país a merced de las fuerzas desencadenadas de la subversión continuó aferrado a la legalidad. Que resistió hasta la muerte junto a los escombros de una casa en llamas que ni siquiera era la suya.
Su virtud mayor era la consecuencia, pero el destino le deparo la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala, el valor, la democracia y un mundo, el drama ocurrió en Chile, pero nos ocurrió sin remedio a todos nosotros.
No llego a la novela sola, no conozco estos lugares, me lleva en brazos una voladora, Guacolda, una leyenda mágica. Dicen que las noches de luna llena y de cielo claro son los puentes que las voladoras atraviesan para sumergirse en el túnel del tiempo futuro. Aunque no ejercen propiamente la brujería, están muy ligadas a ella. Noche tras noche, siguen unos ritos mágicos y encomiendan sus favores a la poderosa Cai-Cai, una serpiente marina con cabeza de caballo, que produjo en su ira el más fuerte de los temporales de que se tenga recuerdo al anegar la tierra de lagos y lagunas..
Yo me dejo acunar por Guacolda, una mujer chaparra, de piel tostada y reseca, vestida con una saya de colores muy vivos, el pelo puro hollín, lo lleva recogido en una larga y brillante trenza. Solo hay que mirarla a los ojos, profundos y cristalinos para saber que por dentro esta hecha de una bondad esponjosa. Ella ha prometido enseñarme las historia de Salvador, el que luchó por acabar con el abismo entre piololos y pelucones.
De qué te aflige, mi'jita si no podís torcer el destino. Me decía Guacolda.
Yo no quería cambiar el destino. El destino estaba escrito en Valparaíso, que es la villa de las escaleras interminables y de los gatos negros que se empinan a las cúpulas plateadas de las torres, para otear la inmensidad del pacífico. Valparaiso, dicen que siempre será una urbe fantasma porque todo el que la habita dice soñarla en vez de vivirla realmente, convirtiendo sus calles en una leyenda viva con pinceladas del pasado, envuelta en nieves andinas y prestigio plateado. Una ciudad donde se mezclan aromas de achicoria, torrefacto y chancaca. Allí, mi conciencia hace un viaje en tren para superar los Andes, un ascenso que te hace sufrir la puna, primero un vértigo insufrible, luego un agudo dolor de cabeza y un estallar de ojos. Para llegar a un lugar donde se agitará tu sentido de la equidad. Potosí, su aroma, su cielo límpido, su sensación a beatífico pasado, es una de esas imágenes compactas que jamás se olvidan por mucho tiempo que transcurra, y a la que se vuelve con frecuencia. Lejos de la leyenda, era una ciudad dominada por las sombras del hambre y donde el hombre tocaba fondo en su dignidad, una gran mina de plata convertida en tumbas de miseria y desarraigo, oscuros túneles que a veces llegaban al alma, donde hombres y mujeres se hundían para derramar toda sus rabias y miedos silenciados por un trabajo de sufrimiento y dureza. Esa visión y experiencia en Potosí, no hace otra cosa sino despertar apetencias.................. revolucionarias. Por lugares así, es por lo que siempre han luchado hombres grandes, sin importarles perder la vida.
Son lugares a los que el viaje de ida está lleno de ilusiones, y el de vuelta de esperanzas de cambiar. Un viaje así cambió el concepto de lo justo que tenía Salvador.
De qué te aflige, mi'jita si no podís torcer el destino. Me decía Guacolda.
Ver a los obreros descarnados, a los niños que olvidaban sus juegos infantiles entre cubas de minerales, a las mujeres embarazadas acarreando las cajas de explosivos para las canteras, hace que tu conciencia sufra permanente amagos de terremoto.
Y el destino no se cambia, mi´jita, a los hombres que luchan los persiguen, los acosan y los encarcelan. Me avisaba Guacola.
Y lo encarcelaron, sí que lo encarcelaron. La mayor tortura que pueda conocer el hombre, la falta de libertad, en las cárceles, la tortura es la misma vida, las sombras, las ansias que van oprimiendo el corazón, la incertidumbre sobre lo que ocurre fuera de allí, los pasos huecos de los carceleros que, envueltos en la oscuridad de la noche, hielan el espíritu ante la mera sospecha de que a través de ellos sea la muerte la que ronde con su guadaña.
No te aflijas mi´jitita, es así, las calles están tristes, la gente encerrada, oprimida, sufre. Mi´jita, nada se puede cambiar de lo que escrito está.
En esas calles tristes se oyen bombardeos aéreos, entran en acción los tanques, muchos tanques, a luchar contra un solo hombre: el presidente de la República de Chile, Salvador Allende, que los espera en su gabinete, sin más compañía que su corazón, envuelto en humo y llamas.
De los rostros de gente desaparecen las sonrisas, ahuyentada por una tristeza pétrea y lacerante. Apenas si vivían y la mayor parte del tiempo transcurría detrás de los visillos, observando como el viento recorría las empinadas calles de Valparaíso arrastrando aromas como el viejo ascensor de colores abigarrados subía a la gente hasta los barrios más elevados de la ciudad; quizás fijándose en el azul intenso del pacífico, cuyos rugidos roncos, sus olas inminentes batiéndose con el muelle, los dejaban en el ánimo inconfesable sensación de temor. Se oía hablar de la leyenda del bio-bio, una suerte de lagarto que habita los subterráneos de las casas y que, conforme al dicho ancestral, va ingiriendo toda la energía positiva de cualquiera de los moradores de la casa, hasta precipitarlos directamente a la tumba. En las casas no había palabras, ni miradas escapadas, ni susurros, ni tampoco reproches ni suspiros. Solo eran horas de anticipados cementerios.
Pero no era el bio-bio, mi´jita, la gente se asustaba de los hombres, de ellos mismos.
De un lado están la constitución, la ley, la democracia y la esperanza. Del otro lado no faltaba nada. Tenían arlequines y polichinelas, como dijo Neruda, payasos a granel, terroristas de pistola y cadenas, monjes falsos y militares degradados. Unos y otros daban vueltas en el carrusel del despecho.
Pero m´jita hay un hombre grande que lucha por ellos, me susurra Guacolda.
No solo es valiente y se siente firme de cumplir la promesa de morir defendiendo la causa de su pueblo, sino que se crece en la hora decisiva hasta límites increíbles. La presencia de ánimo, la serenidad, capacidad de mando y el heroísmo,lo amparan
Pero esto es Chile y el hombre se encuentra encerrado y acosado. Sabe de sus últimos momentos, de sonidos de teléfono que acribillan el alma con ráfagas de malas noticias. Y decide lanzar un mensaje a un pueblo, un último mensaje que aún hoy suena con ecos de sueños en muchos lugares.
Mi´jita escucha, me dice Guacolda, escucha lo que Allende dice al aire:
Me dirijo al hombre de chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, a la juventud, porque en nuestro país el Fascismo ya estuvo hace muchas horas presente ............... La Historia los juzgará. Tengo fe en Chile y su destino. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
Mi´jita no te aflijas, el destino no se cambia, pero aun suena su voz. Y la gente recuerda su muerte y su batalla, su entrega y alguna canción.
Un niño jugará en una alameda
y cantará con sus amigos nuevos
y ese canto será el canto del suelo
a una vida segada en La Moneda.
Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.
Una bonita novela, un viaje que no habría podido hacer sin el amparo y la ayuda de Guacolda. El Chile de la revolución , el de los tanques en la calle, y el chile de los mitos y leyendas. Aquel presidente estaba condenado a conducirse como iluminado , como un soñador: un sueño de grandeza se quedó en sueño. Recibidos los treinta dineros todo volvió a su normalidad. La sangre de unos cuantos miles de hombres del pueblo se secó pronto en los campos de batalla. Una historia que se repite todos los días, solo cambia el lugar, el hombre y la suerte. Pero siempre, deben estar abiertas las alamedas para poder pasear libremente y poder elegir la mano a la que nos guste apretar.
Unas bonitas páginas arracimadas de sentimientos e historia.

La corrupción del ángel.

Como dentro de un violento torrente, siempre fluyendo, siempre cambiando. Captó intelectualmente el principio cuando estuvo en la India pero le había costado treinta años lograr hacerlo arte de sí mismo.
Cuando envejeció, la conciencia de sí mismo se tornó conciencia del tiempo. Poco a poco llegó a percibir el sonido de las termitas. Momento tras momento, segundo tras segundo, ¡Con qué conciencia trivial se deslizaban los hombres a través de un tiempo que no retornaría! Sólo con la edad sabía uno que existía una riqueza, una embriaguez incluso en cada gota. Las gotas de un bello tiempo, como las gotas de un vino exquisito y singular. Y el tiempo goteaba como sangre. Los viejos se secaban y morían. En pago por no haber detenido el tiempo en el momento espléndido de que la sangre generosa, sin que lo supiera su mismo propietario, aportaba una espléndida embriaguez.
Sí. El viejo sabía que el tiempo contenía embriagueces. Y cuando el conocimiento sobrevenía ya no quedaba licor suficiente. ¿Por qué no había detenido el tiempo?
Aunque se recriminase a sí mismo, Honda juzgaba que si no había detenido el tiempo mientras pudo no fue por obra de su propia pereza y de su cobardía...
No, nunca existió para mí un momento en que yo tuviera que haberlo hecho, detener el tiempo. Si poseo algo a lo que puede llamarse destino, entonces radica en esta incapacidad para detener el tiempo.
-Nunca existió para mí nada a lo que pudiera haberse considerado como el pináculo de mi juventud y en consecuencia no hubo momento alguno para detenerlo. Uno debe detenerse en el pináculo. Yo no pude advertir ninguno. Es extraño, pero no lo lamento.
-¡Qué poder, qué poesía, qué bendición! Ser capaz de detenerlo justo cuando llega ante la vista la radiante blancura del pináculo. Existe allí una presciencia en el estímulo sutil que brindan las laderas, en la distribución cambiante de la flora alpina, en el acercamiento a la divisoria de las aguas.
-Justo un poco más y el tiempo se hallará en la cumbre y sin pausa comenzará a descender. La mayoría de las gentes se engañan en este tramo, asumiéndolo en su beneficio. ¿Pero qué es lo que allí existe? Los senderos y las aguas se limitan a lanzarse hacia abajo.
-Una perpetúa belleza física. Esa es la prerrogativa especial de quienes detienen el tiempo. Justo antes del pináculo, en donde es preciso parar el tiempo se halla el pináculo de la belleza física.
Una belleza clara y brillante, en el conocimiento de que la radiante blancura del pináculo se halla precisamente un poco más allá. Y una infortunada pureza. En ese momento la belleza de un hombre y la belleza de un antílope se encuentran en maravillosa correspondencia. Alzando orgulloso sus cuernos, levantando con la ligereza la pezuña de la pata moteada de blanco frente a la negativa. Rebosante del orgullo del adiós, coronado con las blancas nieves de la montaña.
Mishima

Mi alegato

Philip Roth y su Mancha Humana me han ayudado estos días a saltar de un año a otro. A pasar la Navidad, cuando el espíritu navideño inunda las calles, los ojos están llenos de las lucecitas de colores, y la cabeza puesta en los demás. Mentira, esto también es una gran mentira, el espíritu de lo que está lleno es de envidias, intolerancia, y un "no" dejar vivir a los demás. Si ahondas un poquito no somos tan bonitos. La oscuridad del corazón humano es inexplicable. Ha resultado una novela grande, una novela sobre un pecado humano, el mentir. Un autor que sabe de ese tema porque durante toda su vida ha escrito sobre la mentira. Una novela que no es fácil, rezuma tristeza, no desborda insulsa alegría, decorada con una enorme y profunda prosa, densa, muy densa.

Es un enorme alegato contra los juicios sociales, la caza de brujas que persigue y acosa al individuo sometido, todo sin motivo y con unas premisas infundadas. La relación de dos seres que no tienen nada en común, solo el sexo y el silencio. Él tiene encerrado su pasado en un color y ella en cajitas debajo de la cama. No necesitan hablarse, se entienden, no se exigen nada pero se necesitan el uno al otro enormemente. Una oportunidad para dos, a la vez, a la par, un derecho propio a vivir un ratito de vida en común. Lo triste de la novela es que resulta completamente real, nuevamente da igual el lugar, esto pasa y seguirá pasando. El robo de la libertad.

Todas las relaciones personales de la novela son de gentes que se encuentran al otro lado de la frontera, casi vienen de vuelta. Sus páginas diseccionan los sentimientos de los dos amigos, Coleman y su danzante escritor, los dos a las puertas de la vejez, ambos apartados de la sociedad. Los dos buscan la soledad, se apartan del mundo. El exmarido y su relación con el sistema, le ha destrozado y adiestrado, no sabe hacer otra cosa que perseguir y matar. Delphine, dejándose apoderar por un idealismo desenfrenado, convertida en salvadora de una mujer perdida, y sin ninguna consideración humana usó las palabras para dañar. Todos están solos, todos cometen pecados, todos necesitan a alguien.
La vida del protagonista estalla en una resucitada pasión, cuando ella llega, quizás la vida se lo debía y él se olvida del rencor, Faunia le enseña a no malgastar su tiempo en una autocompasión por la pérdida, ella que siempre está cerrada por un inminente dolor interior le ayuda a olvidar y le encuentra la llave mecánica en mitad de la espalda.
Una historia que hace brotar una emoción sin lágrimas. Muestra vidas arrastradas y sus miserias. Momentos de una gran intensidad emocional: una inmensa ternura. A nadie le preocupa qué pasaba por la mente de Faunia ensoñada con la visión de la nuca de Silk, en un concierto. Al mundo no le interesa lo que corría por el alma de Silk escuchando esa música a su lado. Lo que parece importar aquí es que el joven olor a vaca está reñido con la madura y cara loción. ¡¡Por Dios!! Silk y Faunia son castigados por amarse, por algo que no debe importarle a nadie, son libres y están estúpidamente atados. Son expulsados de la red social. Perseguidos por una sociedad abanderada de moralidad y por un hombre que esa misma sociedad le enseñó a vomitar odio. ¿Quién hace justicia y libra de los opresores? Todos son victimas. Piensen en ello miembros del jurado.
El autor como siempre escribe lo que le da la gana, burlándose literariamente de lo más sagrado; creando personajes desaforados y carnales, ruinosos y grotescos. Escribe sobre la falsa moralidad, la búsqueda de la felicidad a través del sexo. El placer está sometido a mil normas y cadenas. Todos en la novela son seres solitarios, traumatizados, con un pasado de secretos y tragedias. Todos tienen algo que huele escondido en algún lugar.
Coleman Silk se ha reinventado a sí mismo. Se decide a vivir su ultima oportunidad sin importarle pecar, la vive con intensidad, amando……………hasta el extremo de olvidarse de su propia ira. Un hombre que funda su vida a la vez en una negación y en una afirmación de sí mismo. Un hombre que triunfa porque construye lo que deseaba, pero en cierto modo se derrota a sí mismo. Tiene el mismo derecho a guardar un secreto que a revelarlo.
Es la historia de una persecución, de una sociedad hipócrita y mojigata, terrible, hacia un hombre extrañado. Es igual el motivo, te juzgan por unas cuantas palabras mal interpretadas, por tu libertad sexual, por un mal comportamiento, por aprender a matar. ¿Quién escribe esas las leyes? ¡¡Qué más da, ahí están!!
Es muy fácil sentirse embargada por esta historia, es un libro fantástico, inmensamente grande…………con historias desproporcionadas. Phipip Roth nuevamente demuestra con coraje que sabe de vida, de sexo, de edad, de pecados y de humanidad.

Faunia, tu vida a su lado siempre sería un tormento, los dos de rodillas pidiendo siempre perdón. Se acabo tu Vía Crucis, pero no olvides nunca la mirada de Coleman mientras te escribía con los ojos poemas de contemplación. Faunia, solo quiero pensar, que en aquella caída tan fría os dio tiempo a cogeros de la mano y escapar juntos. Te has librado de la mojigatería. Aquí los virtuosos siguen igual, están locos por escandalizar, castigar y moralizar.
Otro libro inmensamente humano.

Me encargó escribir a su nieta

Querida niña, tengo que contarte… no debo irme de aquí sin escribir esta historia, porque él me lo dijo, porque yo lo sentía, porque sé que debes oírla, a él le gustaría, porque es la vida, porque tal vez algo tenga arreglo todavía, la verdad, la esencia y el espíritu de la vida, porque es la luz, esa que debes buscar. Puede que ahora no comprendas, pero óyela: Él era grande, una enorme catedral, un gran árbol lleno de sentimientos, un continuo correr de savia. Si alguna vez llegas a los ochenta años, comprenderás que a esta edad nos sentimos como hojas a finales de septiembre. La luz del día dura menos y el árbol, poco a poco, empieza a acaparar para sí las sustancias nutritivas. El tronco lo reabsorbe todo y con eso también se va el verdor y la elasticidad. Estamos todavía suspendidos en lo alto, pero sabemos que es cuestión de poco tiempo. Una tras otra irán cayendo las hojas vecinas: las ves caer y vives en el terror de que se levante viento. Para él, el viento era yo, la vitalidad todavía pendenciera de mi edad, el temor de no poder amarme muchos años, de no saber amarme bien, de querer amarme entera y para siempre. Habíamos vivido en el mismo árbol pero en estaciones diferentes, nos encontramos tarde, muy tarde, eso lo sabíamos bien, por eso te lo cuento, porque queríamos que supieras que aunque tarde, supimos vivirlo, era difícil, era muy poco, pero nuestro amor estaba enormemente vivo.
La idea del destino es un pensamiento que aparece con la edad. Cuando se tienen los años que tienes tú, generalmente no se piensa en ello, todo lo que ocurre se ve como fruto de la propia voluntad. Te sientes como un obrero que, poniendo una piedra tras otra, construye ante sí el camino que habrá de recorrer. Sólo mucho más adelante te das cuenta de que el camino ya está hecho, alguien lo ha trazado para ti, y todo lo que puedes hacer es avanzar. Es un descubrimiento que habitualmente se produce hacia los cuarenta años: entonces empiezas a intuir que las cosas no dependen solamente de ti. Es un momento peligroso durante el cual no es raro resbalar hacia un fatalismo claustrofóbico, quieres escapar de esa vida que sientes extraña, que no es tu vida, a la vez que quieres entrar en esa otra, que crees robada. Para ver el destino en toda su realidad has de dejar que transcurran algunos años más. Hacia los sesenta, cuando el camino a tus espaldas es más largo que el que tienes delante, ves una cosa que antes nunca habías visto: el camino que has recorrido no era recto, sino que estaba lleno de bifurcaciones, a cada paso había una flecha que señalaba una dirección diferente; a cierta altura se abría un sendero, en otro sitio una senda herbosa que se perdía en los bosques. Él cogió alguno de esos desvíos sin darte cuenta, así pasó, y a ti te pasará, ten cuidado, es una trampa, otros ni siquiera los ves; no sabes adónde te habrían llevado los que dejaste de lado, si a un sitio mejor o peor; no lo sabes, pero igualmente sientes añoranza. Podías haber hecho algo y no lo has hecho, has vuelto hacia atrás en vez de avanzar. A lo largo de los cruces de tu camino te encuentras con otras vidas: conocerlas o no conocerlas, vivirlas a fondo o dejarlas correr es asunto que sólo depende de la elección que efectúas en un instante. Aunque no lo sepas, en pasar de largo o desviarte a menudo está en juego tu existencia, y la de quien está a tu lado. Eso nos pasó a tu abuelo y a mí, no vimos algún camino, se nos pasó de largo y estuvimos caminando caminos que no eran nuestros y en algún lugar se quedó ese camino de los dos, sin caminar. Me duele pensarlo, mi niña, porque ese camino siempre estará vacío, nunca pasearemos tomados de la mano tu abuelo y yo. ¡¡Me cuesta contarte, niña!! Los pequeños desplazamientos milimétricos de mi ánimo, a veces me impiden vivir, son bajones, es el desaliento y el cansancio. Le añoro tanto, que duele el alma y los dedos, no puedo escribir. Fue el destino, el incesante trabajo del destino, que no para, unas veces acierta y otras no. Quiero contarte que estando junto a él tuve por primera vez en mi vida la sensación de que mi cuerpo no tenía límites. Como las plantas que hace días que no se riegan y se ponen blandas, cuelgan hacía abajo como la orejas de un conejo deprimido, así vivimos los dos antes del beso. Su vida, durante los años anteriores a esta historia, había sido justamente similar a la de una planta sin agua: el rocío nocturno le había brindado la nutrición mínima indispensable para sobrevivir, pero aparte de ésta no recibía otra cosa, tenía las fuerzas para sostenerse de pie y nada más. Es suficiente mojar la planta una sola vez para que se recobre, para que se yergan sus hojas. Eso le ocurrió a él con el primer beso, y a mi, claro, hoy lo sé. Ya no era el mismo ante el espejo, la piel era más lisa, la mirada más luminosa, ya cantaba y soñaba con canciones, era capaz de expresar las más bonitas palabras de amor. Bajo esta historia siempre habrá una inquietud, un tormento, éramos personas atadas. Pero él era como un cachorro que cansado de vagabundear, encuentra un cubil cálido. Estaba feliz, se sentía amado como nunca antes lo habían amado.
Pero siempre, estaba ese manto de angustia, de separación y añoranza, el miedo al paso del tiempo. En la vida de cada hombre, solo existe una mujer con la cual puede conseguir una unión perfecta, y en la vida de cada mujer sólo hay un hombre con el que ella pueda ser completa. Pero ese perfecto encuentro era un destino de pocos, de poquísimos. Todos los demás seres se ven obligados a vivir en un estado de insatisfacción, de perpetua nostalgia. Todos los otros son adaptaciones, simpatías epidérmicas, transitorias, afinidades físicas o de carácter, convencionalismos sociales. Él siempre me decía ¡¡Qué afortunados hemos sido!! ¡¡Qué suerte quererte y que me quieras!! Cuando nos despedimos me susurró junto al oído: “¿En qué otra vida ya nos hemos conocido?”
Mi vida era pensar en él. Claro que sí, prácticamente no hacía otra cosa. Pero pensar no es la palabra adecuada. Más que pensar; existía por él, él existía en mí, en cada gesto, en cada pensamiento, éramos una misma persona. Nuestra vida era un forzoso distanciamiento, pero era un sufrimiento que se mezclaba con otros sentimientos, detrás de la emoción de la espera, el dolor pasaba a un segundo plano. Éramos dos adultos atados en nudos diferentes, sabíamos que las cosas no podrían ser de otra manera. Pero nunca dejaremos de estar juntos, la última vez que nos vimos hicimos un pacto: Todas las noches, a las once en punto, en cualquier sitio que me encuentre y cualquiera que sea mi situación, saldré al aire libre y buscaré a Sirio. Tú harás lo mismo, me dijo, y así nuestros pensamientos, aunque estemos muy alejados, aunque no nos hayamos visto desde tiempo atrás y lo ignoremos todo el uno del otro, allá arriba volverán a encontrarse y estarán unidos. Después miró al cielo y me indico el lugar, entre Orión y Betelgeuse, me señaló a Sirio. Nunca desde entonces he dejado de mirar al cielo, no importa que no encuentre el lugar exacto, porque el sabrá encontrarme a mí.
Tras su ida me hundí en una profunda tristeza, de golpe me había dado cuenta de que la luz con que había brillado durante los últimos años no provenía de mi interior, sino que era solamente una luz reflejada. La felicidad, el amor a la vida que había experimentado, en realidad no me pertenecían verdaderamente, solo había funcionado como un espejo. Él emanaba luz y yo la reflejaba. Una vez desaparecido él, todo volvía a ser opaco.
Solo me queda Samatorza y su casita de zócalo azul, fabricada con sus pedazos de corcho, aisladora del frío, de la gente, del miedo y de las angustias. Esa casita donde sé que siempre estará él, ese silencio, ese sonido evocará siempre la soledad, el sitio justo donde ordenar los pensamientos, donde encontrarle. Escúchale niña, comprende lo que hizo y lo que sacrificó por “lo correcto”. Intenta entendernos, ya sé que es difícil sobre todo a tu edad, pararte a pensar, déjalo pasar, solo escúchale y ya entenderás.
Solamente caminando tres lunas con mis mocasines podrás comprenderme, si algunas vez metes tus pies en las zapatillas del abuelo, comprenderás nuestra historia. Chancletea un poco con su vida, la de ese hombre enorme y comprenderás como latía su alma. Cometer errores es natural, irse sin haberlos comprendido hace que se vuelva vano el sentido de una existencia. El lo comprendió y lo asumió.
Yo también pronto me iré, el tiempo siempre es demasiado corto. Piedad, fíjate bien, no pena. No sientas nunca pena de nosotros ni de nuestra historia. Si sientes pena yo bajaré como esos duendecillos malignos y te haré un montón de desaires. No te emborraches de chácharas y quédate callada, escuchando a tu abuelo. No cometas sus mismos errores, mira bien los caminos que tomas, sé humilde pero no modesta, vive, derrocha la vida a borbotones, como él. No quiero sentirme triste por ver tu vida desperdiciada, una vida en la que no ha logrado realizarse el camino del amor. Cuídate, pequeña. Cada vez que, al crecer, tengas ganas de convertir las cosas equivocadas en cosas justas, recuerda que la primera revolución que hay que realizar es dentro de una misma, la primera y la más importante. Luchar por un concepto, sin tener una idea de uno mismo es una de las cosas más peligrosas que podemos hacer. Cada vez que te sientas extraviada, confusa, piensa en un árbol, piensa en tu abuelo, recuerda su manera de crecer. Recuérdale como un árbol de gran copa y muchas raíces, recuérdale como un gran hombre. Raíces y copa han de tener la misma medida, has de estar en las cosas y sobre ellas: solo así podrás ofrecer sombra y reparo, solo así al llegar la estación apropiada podrás cubrirte de flores y de frutos. Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día en que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y asegura más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve.
Escucha al abuelo, ve donde el corazón te lleve y sé ante todo, mujer.

domingo, 2 de mayo de 2010

Escribo a mi niña, la que no tengo.




Prometo entornar los ojos y soñarte,
Verte entre mis… cada vez menos pestañas.
Ahora, por ejemplo estás perdida
No puedo buscarte ni encontrarte
Debajo de este hombre al que desnudo.
¡¡Qué difícil digerir ilusiones tan ilusas!!
En vano será esperar que te salgan los dientes.
No tendrás que aprender a nombrar tu carne propia.
Me gustas modesta y femenina. Así te pienso.
No tendré que quitarle penitencia a los primeros
intentos de tocarte, curiosa y temerosa.
¡¡Cuántas cosas no tendré que hacer, si no te tengo!!
No te burles, niña mía… de alguna manera existes.
Yo desconfío siempre de la suerte… aún sabiendo que no vienes, siempre espero.
Cuando aprendas a hablar dime mi nombre.
Déjame hacerte cosquillas, existe la alegría pero duele.
No te abrigues en exceso, mejor acostumbrar tu cuerpo al frío.
¡¡Ser siempre un huevo huero, no llegar… es impaciente!!
Cuando cruces por fin la calle sola, ten cuidado,
ya sabrás que los riesgos y las prisas te persiguen siempre.
Búscate distinta, no te aburras… si te le pareces serás fuerte
Persigue la idea y la palabra, el músculo y la música,
el goce, la risa y sueña sueños. Crece por amor y no por fuerza.
¡¡Colmado está donde tú no cabes!!
Intenta ser mi amiga a pesar de mis cortezas, no te enfades nunca,
Llora lo que haga falta y siente tristeza si estás tierna.
Yo te quería Guaditoca y un poco loca, con pendientes pequeños,
Y vestidos rotos, no guardes nada y estrena todo.
Come bien, respira y siempre ten tus manos, la nariz y el alma limpias.
¡¡Qué dolor pensar que nunca existes!!
Vive sin convertir jamás a nadie en débil. No hagas daño.
La mezcla de lo exacto te embellece.
Escucha sus consejos, oye al viejo… él libra tu camino de tropiezos.
Escucha siempre, escucha tanto… óyelo todo, observa el rastro.
Juega a los indios y a las muñecas… descubre al otro.
¡¡ Quizás siempre me quede soñarte tanto!!
Ni la más mínima gota de tu sangre verá el aire.
No arrastres nunca los pies, queda muy feo.
Cuídate el pelo, los ojos…. no mires directo al sol ni pierdas norte.
Muerde los días a puñetazos, no te hagas sangre.
Mídelo bien, es un pistacho…. Súbete a él. Quiérele mucho.
¡¡Hoy es mi día y yo te celebro!!
¡¡Qué ingrato saber que no te tiene, que no te tengo, que no nos tienes!!

domingo, 18 de abril de 2010

Me asusta el tiempo

No es el dolor de un amor incumplido, no es la melancolía, no es tenerte o perderte, no es envejecer, es algo más tremendo y más grande que crece dentro de mí, tal vez en el tuétano de algún hueso y que acaso se llama vida. Porque vivir, no cabe duda, es triste, vivir es una daga que se lleva clavada en la sangre. Vivir es pasar el tiempo, y este se te va gastando, vivir es no darte tiempo de todo lo que te falta por vivir, vivir es no ver cumplido tu sueño, vivir es gustarme a ratos y no gustarme nunca, vivir es añorarte y saber que pasa la vida sin encontrarte, vivir es esperar a pasear mis últimas tardes. Me duele abrir los ojos cada mañana y no verte. Me duele dormirme cada noche porque ha pasado un día sin ti. Te se, te siento y te añoro… pasa la vida y soy consciente que la violencia que sopla entre mis piernas y en mi sangre se agazapará un día bajo mis años y poco a poco se echará a dormir, me haré vieja, mi vida habrá pasado y tú no estarás a mi lado. Ahora en el recuerdo ensarto sueños como cuentas, pero ante tu ausencia pierdo el hilo y las veo rodar melancólicas por el suelo y perderse entre las patas de los muebles y mis pies. Sigo viviendo y me columpio aburrida en el péndulo del tiempo y sabiendo que te vas en cada tic-tac del reloj.
Cuando hundo el rostro entre las manos no lloro por nada en concreto…las manos quedan ahí olvidadas, se me caen las lágrimas igual que se me caen las palabras cuando no puedo gritarlas. Es solo un ejército de arañas que teje y desteje sílabas inútiles…. Yo no puedo gritar, no puedo apaciguarme porque tengo la certeza de que nunca me ocuparas del todo. No hay voz humana que me consuele si no es la tuya, porque ellos ignoran la palabra exacta.
Algún día Dios me dirá levántate y tendré que irme. Contigo es el privilegio de la dicha y la ternura, la piedad y la paz, esa enorme generosidad tuya y la alegría, tu palabra afectuosa, la mano en mi espalda y tu voz, contigo es amar la vida, sin necesitar mucho más, quizás sea la inconsciencia pero yo la siento verdad. Todo a tu lado parece ilimitado y sin ti es el eterno luto bajo mi piel. Pronto llegaré a esa edad en la que los recuerdos se convierten en el sustento de la existencia y perderlos es peor que morir. Me siento tras estas manos que ocultan mi rostro en el momento de madurez mas extraordinario que he sentido nunca, pero mi historia es insegura y vacilante… lloriqueo ante algún miedo o recuerdo, ante la nostalgia y la certeza, me lastiman los olores, me ensordece al resto del mundo alguna canción, un sabor que me lleva a otro lugar, un ir y venir por toda mi vida, un pasearme mis sueños…. Un miedo a tenerlos y pánico a perderlos. Vivir es triste… siempre es triste, no puedo parar el tiempo ni mi vida, no sé que hacer, porque la angustia de no tenerte se me encoje dentro de la camiseta. Es fácil estar enfadada cuando eres conciente de que existe tanta belleza en la vida cuando estoy a tu lado… la he visto toda a la vez y es demasiado. Es llenarse de dicha y saber que no puedo aferrarme a ella porque resbala por mí y se va cada día de mi lado.
Aquí y ahora necesito que me enseñes a serenarme el juicio, a sostener el ánimo, afrontar la adversidad con calma, abrir y cerrar la ventana y ver estallar la primavera, reventar la luna llena y bramar las olas a mis pies, sin ti nada de eso podré ver. Por eso me tapo la cara, para esconderme detrás de tanta certeza, para rendirme sin armas a la vida, a lo que ella ha querido y he decidido por mi, a mis respuestas… a amar con absoluto derroche… se que he perdido, y aunque no he perdido la lección…¿Para qué me sirve ahora? Ya tengo edad para ocultar mis lágrimas y mis ojos tras mis manos y saber que este amor mío es amor perdido, amor hallado, amor mío perdido y hallado en el mismo otoño de mi vida, donde me ha temblado el alma, ignorando si de penas o de fríos, de ternuras antiguas o de miedo. Quiero vivir a tu lado, la misma vida, quiero comer contigo, estar, amar contigo, verte y tocarte…lo dicen mis sueños, mis palabras escritas, esa daga que llevo dentro, los latidos de mi sangre, el cansancio de mi cuerpo y la tristeza de mis ojos. Lo dice mi boca en silencio y mis gritos sordos, lo sabe mi almohada, mis pies que tanto te buscan… y lo sabes tú. Me pasa la vida y se vuelve vieja, vieja la noche y vieja yo, viejos mis brazos y mis pechos, viejas mis piernas y mi sonrisa, vieja, vieja, me volveré vieja y no estarás a mi lado. Cosas que no conozco, que no he aprendido, cosas que solo tú me has enseñado, cosas que me hacen llorar y por eso me escondo en mis manos…. Porque no puedo dejar el tiempo paralítico de un mordisco, aunque se que la botella esta llena, solo es mi vaso el que está vacío. Solo me queda dejar las tijeras abiertas para ver si ella tiene el valor de cortar el hilo de mi destino…. Mientras tendré el rostro hundido en mis manos y esperaré que mi corazón emprenda de mi cuerpo a tu cuerpo el último viaje. Estaré escondida.

viernes, 16 de abril de 2010

Locas palomas negras

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé! Golpes como del odio de Dios, como si ante ellos, no pudiéramos explicar como pasó, como sigue pasando... Yo no sé. Hay golpes en la vida tan fuertes....que se empoza el alma.... que abrieron y siguen abriendo zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte... que hicieron que los hombres gritaran... Perdóname, señor: qué poco he muerto!
No es una maldita novela, si hay algo que está maldito es nuestra Guerra Civil, porque fue atrozmente injusta, porque tenemos que saber que pasó, porque hay cosas que no se deben remover pero tampoco callar, porque todavía cuando recorres cualquier pueblo, sientes la húmeda tierra de cementerio que huele a sangre amada, porque fue ayer. La historia sigue viva e interesa porque sabes que puedes tocar todas las puertas de un pueblo y preguntar por alguien que ya no está, que se fue sin avisar para no volver, interesa porque en cualquier lugar encuentras una pared manchada de olvido...........cicatrices abiertas del tiempo.........destinos que blasfeman......criaderos de nervios y almas en pena......... malas brechas que abren el corazón al sentir tanta pena.......pedradas negras........moscas lloronas en cuerpos callados..........que no debemos olvidar. Es un triste viaje por pueblos donde quedaron muchos abrazos dormidos, muchos besos sin dar. Muchos agujeros llenos de llanto y de miedos, de hambre y miseria.......de sueños rotos y de hurtos de libertad. Pueblos que recuerdan a hombres con brazos atados a los que van a fusilar y a soldados a punto de disparar... a madres gritando, a hijas llorando... No, no creo que esté de más, leer una vez más una novela más, la misma historia repetida, que más da....la historia sigue viva, y está caliente. Mejor no olvidar, aunque sin culpar.
La novela recuerda el miedo... ese que sentimos, al contemplar un instante a un anciano que vivió esa guerra, lo miras con ternura, y quedas atrapado sin remedio por la incógnita que siempre provoca un hombre senil, la incapacidad de mirar a sus ojos perdidos y conocer una historia que se muestra deseoso de contar, que necesita saber que se sabe, que se sepa lo que ocurrió, su historia es tremendamente triste, enormemente dura e injusta, estas páginas ponen nuevamente voz a esos hombres que la vivieron. Isaac Rosa hace una buena labor, cuenta lo que todos cuentan, quizás nada nuevo, no habrá ya nada que descubrir, es cualquier pueblo, cualquier nombre, pero logra seducir, a través de un misterio, de unas almas fantasmas que se vuelven locas y ciegas a la verdad.
La Guerra civil fue una locura, y en estas páginas es esa locura la que ayuda a unas gentes a vivir, a esperar un regreso. Unas mujeres que se quedaron solas porque una injusta guerra les arrebató lo que más querían, niños que duermen y amanecen sin padres. Plazas llenas de hombres en grupo de a uno, armados de hambre, en medio de una lucha desigual ¿Batallas? ¡No! Pasiones. Y pasiones precedidas de dolores con rejas de esperanzas, de dolores de pueblos con esperanzas de hombres. De mujeres que gritaban “No mueras, te amo tanto” pero el cadáver ¡Ay! Siguió muriendo...
¡Cuídate España de tu propia España!
Y esa tierra para sobrevivir se vuelve loca. La locura se confunde con la desesperación, con la tristeza..................la locura llega despacito, pequeña, escondida en las formas de engaño que practicamos para sobrevivir...........cuando no queremos distinguir entre el sueño y la realidad, el pasado y el presente, la ilusión y la mentira. La locura no como desesperanza, sino todo lo contrario, la locura como esperanza, como ilusión, entregarte a la locura para sobrevivir. Todos de alguna manera hacemos lo mismo, como una forma menor de delirio, crearnos una realidad o una memoria a tu medida, y acabar negando cualquier cosa. Eso hace esta novela, recordarnos una historia a medida de cada uno. Una vez más nos encontramos con el pasado, con la memoria, la que nos han contado y la que hemos aprendido. Con el discurso de la memoria, con la forma en que este se construye y la manera en que la asumimos.
Quizás no importe el argumento, ni la forma, sino el homenaje. Un nuevo homenaje al dolor del mundo, al dolor del pasado, al estremecimiento humano, a tantas y tantas bocas llenas de esperanza que no pudieron gritar... Volver a pasear delante de tantas paredes comunes cubiertas con la cortina de la desmemoria, que solo levanta la nostalgia. El autor presenta la demolición de su propia novela, en un nuevo experimento sabotea sus páginas, su trabajo. Es una lectura y crítica al mismo tiempo, páginas llenas de un humor ácido que permite nuevamente escuchar la misma historia una y otra vez. Es una manera novedosa de contar, la autocrítica del mensaje y del estilo. Dos historias cruzadas, dos vidas, un niño adulterado que quiso ser escritor y un clásico cacique que quiso ser político, una vieja foto y un nombre en el reverso: Alcahaz.... una jaula llena de tristes palomas negras. Para volver a saber que en los dos campos hubo buenos y malos y al fin al cabo todos somos culpables. Todos podemos ser Caín.

¡Piedad, Señor, piedad para mi pobre pueblo
Donde mi pobre gente se morirá de nada!
Chapoteando en la vida como simples almas

Lo cuentan

Yo solo espero, espero y espero. Tengo muchas cosas que contarte, ¿Qué te cuento? ¿Dónde estás? ¿Por dónde empiezo? Mi intención solo es amarte, pero quiero contar…porque tengo miedo, porque así no se puede amar, se te cansa la espera. Lo mismo todavía no tengo edad para contar y tengo que esperar un poco más. Yo solo te cuento a ti, te cuento mis miedos…te cuento mi soledad y te cuento mi esperar ¿Te cuento lo que dicen que cuentan?........... voy a contar.
Lo cuenta la historia, lo cuentan los libros, lo cuentan las leyendas, lo cuenta la chica del diván, las viejas a las puertas, al fresco en las calles de los pueblos, lo cuentas los jóvenes en los patios de vecinos, esos a los que a ti te gusta visitar, entre aspidistras y pilas de lavar… sí, ellos lo cuentan. Los cuentos no lo cuentan, ellos no lo pueden contar, allí solo hay ranas y princesas que al besar tienen un amor por empezar y un buen final y no un amor que muere por necesidad. Lo cuentan los niños cuando juegan al coro, formando retahílas, en plazuelas y alrededor de las fuentes. Lo cuentan las canciones de antaño y las de ahora, también lo cuentan. Los trovadores, las folclóricas con sus desesperos que dicen: yo tan sola y tu tan lejos………... Lo cuentan los poetas, los que escriben y los que respiran poesía pero no la escriben. Lo cuenta la gente y juro que no me lo invento, yo no sé inventar. Eso era antaño, pero ahora en tiempos modernos también se escucha. También ahora se cuenta que se acaba el amor, sí, se acaba, es muy fácil que se acabe el amor. Lo cansa la espera.
Todos cuentan que algunos amores se acaban rompiendo, que dos almas que se quieren, van y se dejan de querer, que el olvido es consecuencia de una distancia y el cariño viene del rozar; y viene de antiguo que con tanta tristeza, los amantes acaban diciendo:
¡¡No ves que pierdo la vida, no ves que me estoy muriendo!!
Sí, eso lo cuentan que pasa. Cuando aprieta la soledad, y en silencio es cuando ahoga el recuerdo del que está lejos. ¿No lo ves? Con tanta distancia se nos marchitan los sueños, y el alma. Te pesan las alas, algo te ata a la tierra y no llegas al firmamento. Entre los brazos del desamor, se apaga este fuego, lo sopla el viento, despacito, pero sopla, hasta apagar. Los amores se mueren y no hay plañideras que los vengan a llorar, aquí cuentan que lloran las almas que ya se dejan de amar. Ahí no existen lutos, a nadie le importa como vistas luego el alma, si de negro, de malva o la dejes sin tapar. Nada ni nadie te viene a velar. ¡¡Escucha, que te cuento mi miedo!!
¿Oyes a las viejas?................dicen que los amores deben estar juntos, muy juntos, para que las respiraciones se abracen, si no es así, acaban no pudiendo respirar; lo dicen las viejas no lo digo yo. ¿Tú crees que es cierto? Eso de que la distancia es el olvido, tú crees que lo que cuentan será verdad, o será solo una quimera para forzar a que no te exponga a esta añoranza el que sientes que no está, yo no lo sé, si es mentira o es verdad, solo sé que se cuenta, que lo dicen, que no es bueno sentir esa soledad. ¡¡Estás siempre tan lejos!!
Si no es así, no vale la pena, te come la tristeza, aunque no quieras te matan los celos de tanto envidiar, te sangra la herida, o se infecta sin sangrar y la vida se escapa por una rendija, o peor por un sumidero, de tanto llorar, y de tanto no estar.
Lo cantan los niños, lo cuentan los tatuajes de los marineros que están siempre en la mar, lo leen los soldados en las cartas en el frente, le cuentan las cartas que alguien se ha cansado de esperar, lo cuentan los que cruzaron el mar en busca de porvenir y libertad con una maleta de cartón y una foto en color sepia en el bolsillo, la miraban y miraban y un día la dejaron de mirar, sin darse cuenta ni pensar. Lo cuentan los limpiabotas en sus cuentos y hacen gestos con las manos llenas de betún, lo silban los vientos, lo mecen las hojas, los pájaros con su canto, hasta los árboles lo contarán si alguna vez han escuchado el eco de un “Te Quiero” en un gritar, lo dicen los corazones rotos que pintan las niñas en el vaho de los espejos y viene de antaño que en los ojos aparece el llanto, la pena, y la tristeza. Después, el mundo parece un desierto, pierdes el sentido y las ganas de vivir, te falta hasta el aire, buscas un oasis, algo a qué a garrarte. Y solo sientes que aunque no quieres morir de amor, sientes que de amor puedes estar muriendo. ¿Me pasará eso a mí? ¿De amor puedo morir?
En realidad estos chismes son solo restos tejidos de historias sencillas, de pueblo, cuyo valor brota del calor que infunden y de la nostalgia que suscitan. Yo no quiero quedarme en mi prisión para cantar canciones de dolor. No, eso no, yo solo quiero amarte….amor, yo no quiero esperarte. ¿Dónde estás?
Y entre esos amores perdidos, llegan amores eternos y viene de siempre que tanta tristeza se va con el tiempo…...el corazón aunque no se recicla se recompone, y acabas no muriendo de amor sino de viejo. Menos mal, ya nadie muere de amor, ni por falta ni por sobra. Lo cuentan las viejas, las novelas y lo dice Katsumi ¿fue la última? desde Sayonara ya nadie muere de amor, gracias a Dios, la pobre se vistió de Madame Butterfly para ir a la ópera, y aunque murió cantando, murió de amor, menos mal, ya nadie muere de amor, gracias al cielo, a los santos y al talismán de mi corazón, se terminó, ya nadie muere de amor, es mejor morir de viejo pero recordando amores eternos. O recordando un tango, que aunque tango también cuenta:
Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve, sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada errante en las sombras te busca y te nombra, vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez.
En fin, te cuento lo que cuentan porque tengo ganas de contar y mucho miedo de callar, tengo que contar, por eso te cuento. Yo aun no soy vieja, por eso cuento lo que cuentan, dentro de algunos años contaré esas historias y la mía, a quien me quiera escuchar. ¿Dónde será?..................no sé, en una puerta al fresco, en un patio o en un zaguán, lo que sé de verdad es que entonces seré pasado y en ese momento podré contar. Tengo miedo del final, amor… tengo miedo de no encontrarte… de no poder empezar. Tengo miedo de esperarte y sin embargo te tengo que esperar.

viernes, 2 de abril de 2010

Un encuentro


Es fácil estar con él. No ha sido un presentarse, porque ya nos conocíamos, ha sido un encontrarse. Le envié unas letras, claro está, entre nosotros no puede ser de otra manera, pidiendo verle, y acepto encantado. Accedió a volar, a salir, por un rato de su lugar y encontrarse conmigo donde yo quisiera, me dijo, me dio a elegir, a él le cuesta muy poco viajar, se mueve con facilidad. Era importante el sitio, una no se sienta un rato a charlar con Chejov en cualquier lugar. Tenía que ser un sitio especial, acogedor por su ambiente literario y clientes de excepción. El café de Doña Rosa pensé, eso estará bien, se lo comuniqué y allí fue. Yo tenía ganas de volver, me resulta grato, el sentarme en uno de sus divanes acolchados de peluche y tomar un café. Te eché de menos.
El entrar allí es un volver atrás en el tiempo, el olor a chocolate y tabaco, todo el mundo fuma allí, los dorados y labrados en las maderas del techo, sus grandes lámparas de cristal, algún que otro espejo decrépito en las paredes, un reloj, de agujas y numeritos dorados que da las horas cuando quiere, y un gran teléfono negro, el único, quizás, de todo el lugar. Es un paisaje físico, que está poblado de seres humanos, que llenan el recinto con sus miradas, con el humo de sus cigarrillos, con sus conversaciones, con sus vidas y sus rumores. Se forman bonitas tertulias alrededor de sus mesas de “costoso mármol”, donde se construyen fábulas y esperanzas ilusorias o se disfruta de algunos gozos y alegrías.
Llegué al lugar, intencionadamente un rato antes, para disfrutar en soledad de ese ambiente singular y quería ver a Antón llegar. Me senté en una de las mesas que hay antes de llegar a la tarima de la orquesta, era temprano, nadie acompañaba al solitario piano y no había demasiada clientela. Doña Rosa estaba ocupada dando órdenes al camarero para que expulsara a un parroquiano insolvente. En el mostrador le hacen buena compañía a la dueña, la bonita cafetera niquelada que borbotea, pariendo sin cesar tazas de café exprés, mientras al otro lado la registradora de cobriza antigüedad abre su boca sin cesar, cobrando consumiciones, que aumentan el poderío económico de la dueña del café. Ella, tiene un físico imponente, si respira con profundidad, su presencia llena la escena, en este momento pega la hebra con el encargado, hablan de onzas, de leche y de escasez.
Un camarero con ánimo cansado y arrastrando un poco los pies me trae café. Los recuerdo siempre igual, embutidos en sus trasnochados smokings y sujetando las bandejas por el borde desgastado. El limpiabotas me sonríe pero no se acerca, se queda a esperar el trabajo, que aún está por llegar. El cerillero tampoco me presta mucha atención, me conoce ya, y sabe que no suelo fumar, entonces sola, me dedico tranquilamente a observar. La mayoría de los clientes del Café de Doña Rosa son gente sin recursos, pero siguen con atención el movimiento intelectual y literario de una época. Allí estaban los de siempre, los que meditan a solas, sobre entrañables cosas que les llenan o vacían la vida. Hay quién pone al silencio un ademán soñador, impreciso, otros intentan hacer memoria, con la cara absorta. Los poetas se ensimisman con el lápiz en la mano y la mirada extraviada. El que ocupa la mesa, a mi lado, es un poeta joven, de esos que hacen versos de amor, está ojeroso, escribe algo en el papel y vuelve a buscar, siempre busca a la mariposa de la inspiración entre las lámparas del salón.
En alguna mesa, un cliente distinguido, es fácil adivinar por su atuendo a la moda, su periódico en propiedad y ese aire de importancia al caminar. Esperará a una señora o quizás una tertulia con tintes políticos, para luchar por no agotar las posibilidades de arreglo para este mundo cruel y difícil. Quizás, necesite un pequeño triunfo hoy para mantenerse vivo. Un poco más lejos, en un diván, descansan dos señoras de aspecto triste, diría pesimista, pero encarnan unas claras pretensiones sociales, una es un poco entrada en años, la otra es joven y mira al suelo. Hablan entre ellas y señalan a la mesa de los poetas. Algo deben de saber digno de referir. Toman chocolate.
He visto entrar a Antón, le hago señas desde el fondo del salón. Tiene un aspecto impecable, es muy alto, diría que arrogante, viste inmaculadamente, de negro. Es un hombre de frente ancha, cabello negro peinado hacia atrás; su peculiar perilla y sus lentes de pinzas, le dan un aire distinguido. Está elegante, yo diría que es un hombre bello, no ha cambiado mucho, su aspecto es excelente. Se acerca educadamente, no podría ser menos, las señoras lo miran al pasar y él inclina su cabeza al saludar. Me acerco a él y nos damos un solo beso en la mejilla, Antón es especial. Tiene unos enormes ojos negros que rebosan sensibilidad y una sonrisa pícara, parece un hombre que disfruta del buen humor a pesar de su situación. No está pálido, ni tiene aire de evadido, en absoluto, se le ve lleno de vida, alerta.
Le impresiona el lugar, solo lo conocía por la novela, pero no lo había podido visitar. Le gusta el contacto frío del mármol de los veladores, son antiguas lápidas de cementerio, a las que Doña Rosa les da un nuevo uso, y eso a mi invitado le hace sentirse como en casa. Un atractivo del lugar, es leer por debajo de las mesas, con los dedos, los nombres de los difuntos que tuvieron antes, esa propiedad. Antón ríe, ante esta originalidad, su humor es genial.
Pedimos chocolate, es la especialidad, unos mojicones para mojar y dos copas de ojén. Charlamos, de todo en general. Me cuenta que se encuentra bien, a pesar de sus problemas de salud, no siente malestar, ni vive en soledad. Sufrió una larga enfermedad, pero mejor no recordar. Sabe que no está solo, muchos sufrieron lo que él, conoce a Kafka y a Marguerite Gautier, que pasaron las mismas penurias físicas que él, lucharon años contra ese mal, pero soñaron y amaron de verdad. Sabe que el tiempo no acabó allí, que puede seguir, está con Olga y le queda mucho por contar, necesita seguir contando. Pasa Doña Rosa a nuestro lado detrás de su enorme gato, tropieza con los clientes y dice con frecuencia “nos ha merengao”, el gato parece entenderla y juega a ser perseguido entre las mesas. Antón observa a Doña Rosa y ríe con ironía, me dice que algún día le escribirá un cuento, es la gula y la avaricia personificada; le cuento, que se comenta en el lugar, que guarda baúles enteros de oro, tan bien escondidos que no se los encontraron ni durante la guerra civil. Ya, no se sabe, si pesa más el oro, o ella misma.
Es una buena compañía, Antón. Hablamos de “La Tristeza”, su cuento; le digo que es de lo más profundo y doloroso que he leído. Que es un dolor desamparado, angustiado, es la más honda soledad. ¿Sabes que me dice?......que no me asombre, que al mirar a cualquier lugar puedo encontrar a personas así, como el cochero, solas y tristes. Que el mundo está triste y la gente está sola, muy sola. Que nos estamos olvidando de querer, que no sabemos amar. Que no sabemos vivir, que cuando nos demos cuenta ya no podremos seguir. La Tristeza es casi general. Es una pena, dice, pero es verdad. La soledad es la máscara, la búsqueda, la pérdida, el desamor, las añoranzas………. Un jarrón vacío hecho de cristal de angustias y de sueños; o como un gran cántaro de barro, que cuanto más vacío está, más retumba. Oh…………..hablamos de La Dama del perrito, es su cuento preferido. Dice que la escribió como contraposición a Anna Karenina de Tolstoi, pues no deseaba mostrar la convención social, sino más bien unas personas que aman, lloran, sienten y viven. Un canto a la humanidad. No podía censurarlos por un acto de amor. Le pregunte si conoció a la dama en cuestión y me dijo que sí, que alguna vez la tuvo por compañera, o que, me asome a un espejo. Hay muchas Anna Sergueevna, comentó. Es frecuente, que la suerte misma destine una persona a otra y sin embargo, resulta incomprensible que la misma suerte los ponga a tanta distancia. Que todos los que aman sin reservas y sin pensar, están en ese lugar, delante de un balcón con la persona a la que aman detrás, consolando sin saber que decir o qué no lamentar. Diciendo, no llores más. Me dijo que a esos cuentos no se les puede dar otro final, si lo quieres diferente te lo tienes que inventar. Hay hombres y mujeres que dejan el tren del amor, porque alguna vez lo han conocido; incluso que han podido subir a él pero lo dejaron ir porque sólo quedaban billetes de segunda clase o porque no estaban seguros de querer llegar al destino que se indicaba en su itinerario. El también sabe, de relojes parados y corazones de tiza.
Dice que le gusta escribir y sigue escribiendo, que no sabe de historias ni cuentos, sino de emociones. El mira a los ojos de la gente y se acerca a un sentimientos, o dos, o un montón, somos pura pasión. Así es muy fácil escribir, me dice, basta tener el sentimiento al que dedicarle unas líneas, bautizar a las personas y dejar fluir. Sus cuentos reflejan situaciones aparentemente vulgares, por lo general, somos así, tremendamente humanos. Aunque hay excepciones, por eso hay cuentos que empiezan con: Erase una vez un trozo de madera……………Así comienza el cuento de Pinocho y así se podría comenzar a contar la historia de mucha gente. Hay personas que son eso, trozos de madera, incapaz de sentir. El mundo es un vivero de historias increíbles, pero hay que pararse a mirar.
El chocolate estaba exquisito, ha sido una merienda deliciosa. Doña Rosa nos ha invitado, en un larde de generosidad, no nos ha querido cobrar, esta noche tendrá menos que contar. Pero no todos los días tiene a Antón Chejóv sentado en su salón. Ahora hay más gente en el local, y mucho humo, pero a mi compañero no le parece molestar, hacemos un chin-chin con el último sorbito de ojén, a la salud de Cela, que nos trajo a este lugar. También una promesa de querer regresar. Es hora de irnos y vamos juntos, hacía la puerta. Me cuenta que le espera Olga, para pasear por un jardín de cerezos, que es muy feliz y se siente muy amado. Ya en la calle, un abrazo y no un adiós, más bien un hasta luego, el sabe que voy a seguir leyendo sus cuentos y yo sé que en algún lugar él me esperará, al despedirse me ha dicho que, lo que de verdad ha ganado ahora, es, el no preocuparse por el paso del tiempo, le es igual.
Me hizo ver que el puro presente no es sino el fugitivo progreso del pasado royendo el futuro. A decir verdad, toda percepción ya es memoria. Él, dice sentir………..un bonito bienestar. Ha sido una tarde maravillosa, de no olvidar, que fácil es, si se quiere de verdad.
Hasta pronto, Antón.


sábado, 20 de marzo de 2010

La alameda del fin del mundo

Todos tenemos un sueño, viajar a nuestra Patagonia particular es como ir hasta el fin del concepto, como llegar al fin de las cosas. Mi sueño es....... mi Patagonia particular. El sueño del doctor Pasavento es seguir a Walser, su insensata y nada interesante vida sabe que si mira mucho rato al abismo, el abismo acabará observándole a él. La “bella desdicha” es un estilo de vida, una ciencia, un alegre deslizamiento hacía el silencio, una ética de las desesperanzas. Él explora sus abismos interiores, es fiel a las regiones inferiores y se mueve con calculada perfección hacía el país de los ceros a la izquierda, hacia el anonimato. Busca una bella infelicidad, pasar desapercibido, sigue a Walser y yo he ido con ellos.........hasta allí donde el poeta encontró su plácido final. Un día de navidad halló en la nieve su sepulcro natural, el lugar donde el lamento, si hubiera podido hubiera emitido el sordo horror mudo que precede al grito cuando lo vio caer junto a su primer cigarrillo Maryland de cada mañana, allí donde Pasavento y yo oímos su poema:
Nieva que nieva, la tierra se repliega
en un lamento blanco y vasto, muy vasto.
Se agita bajo el cielo el enjambre
de copos sin consuelo, la nieve, la nieve.
Te da un sosiego, una amplitud;
blanco por la nieve el mundo me conmueve.
Y así, la nostalgia, antes pequeña y ahora grande,
se apodera de mí y se vuelve lágrima
Entre hayas y abetos, subes por la ladera del Schochenberg hasta Rosenberg, y tratas de aspirar a pleno pulmón el puro aire invernal. De pronto saliendo de una curva, entre destellos de nieve que centellean con luminosidad de espejo, aparece en lo alto, imponente y majestuoso, con extensas praderas y bosques nevados alrededor, el edificio del viejo manicomio, una construcción aislada de todo y que parece salida de una novela gótica..... ¿A veces los relojes andan marcando horas que ya fueron? ¿Quién baila con la realidad en la frontera?....la ficción. Esa soledad buscada es el afrodisíaco del espíritu y allí es donde ellos encuentras su bella Patagonia particular, allí se inventan sus colores, los aromas, los sonidos, el tacto y el gusto, el azul del cielo, el verdor del suelo, el centelleo del sol en el agua, el olor de la tierra seca o húmeda, del viento y de la lluvia, ciertos colores de las flores y del plumaje de los huevos de las aves, como el púrpura brillante de la cáscara del huevo del tinamú. ¿Por qué no buscar tu sueño? si te encuentras emboscado en el feliz mundo de los eclipsados. Al salir de tu caverna platónica, estás confuso, el mundo es una gran tramoya y tú no encuentras papel. En un pequeño gesto de libertad, pones tu vocación de solitario a la intemperie. Quieres ver si en medio del páramo es también posible vivir, respirar, ser, desear, dormir por la noche y soñar. ¿Porqué no?
Vila- matas prestidigita con la palabra, derrocha y despilfarra su talento...Doctor Pasavento es un libro enorme, con una gran cantidad de datos, que te llevan a la curiosidad, a conocer y viajar por sus páginas..............pasear por Solitude-promenade, el melancólico y bellísimo paseo que bordea al Rin junto a Erasmo de Rotterdam y su elogio de la locura; con Kafka pasamos días en su sótano entre sus papeles y diarios, junto a Lobo Antunes vamos de la mano por Lisboa y sus locos, nos enseña a gritar palabras del Fausto de Goethe:...... ¡¡ Devuélveme el impulso sin mesura, la dicha dolorosa en lo profundo, la fuerza del odio y el poder del amor. Devuélveme otra vez mi juventud!!......jugamos a los detectives con Bolaño, tomamos café en el “Odeón” con Lenin, Jame Joyce y vemos debutar a Mata- Hari........recorrer la calle Vaneau con Emmanuel Bove...le preguntamos a Imre Kértesz por su destino.......a Fleur Jaeggy por sus hermosos años castigados.....y merendamos magdalenas con Proust.........mientras buscamos junto a Cortazar a su Maga.............así en un continuo viaje por las letras, hasta llegar a La Cartuja, de Sevilla de la mano de un fantasma..
La novela habla de una huida sin retorno, entre el polvo patagón y la cáscara de huevo de tinamú, de la posibilidad de no ser nadie y del noble arte de desaparecer. Un juego de estímulos, recreos de imaginación y conmociones. Produce un efecto claro de incitación a otras lecturas como pocas veces encuentras en un libro, es una eterna invitación.
Sí, habría que lavarse bien los ojos antes de cada mirada, dicen los japoneses y antes de leer otro libro, también...es volver a empezar. Es una mina, un filón de documentación..........el sublime arte de escribir por escribir, aquí no hay crisis de lenguaje, es pura escritura, un gran libro o miles de microgramas con una caligrafía apretada y un pequeño lápiz. Es una obra maestra, funde la realidad y la ficción con suavidad, burla, humor y la superioridad de la literatura. La piel del libro es la prosa y su oxigeno la ironía. Gracias Isabel por traer a casa el Santo Grial de Pasavento.

Mapa para amantes perdidos

Aprovechando un descuido de Alá se escriben estos renglones que reivindican la voz del alma de los musulmanes, ahondan en los problemas de libertad en el amor y en la elección de una manera de vivir. El amor, como peligro, envuelto en reglas muy estrictas y bajo la atenta mirada de Alá todopoderoso y sus preceptos. ¿Cómo la intención de romper un todo establecido y la lucha por un deseo propio te cuesta la vida?...........¡¡Por Alá!! ........ Mediante cuatro estaciones y sus cambios en la naturaleza, hermosos corazones cantan sus historias de amor. Son historias a saltos, a pata coja pero sin pisar líneas, como jugando al juego de La Rayuela. Amantes que son conducidos a la muerte por amar, expresiones de vergüenza que cruzan los rostros en cuanto mencionan el nombre de su amor, o cuando aluden a la búsqueda de la felicidad y se encuentran con el pecado. ¿Quién es nadie para juzgar? ¿Quién es Alá? No es que el mundo se empeñe en frotar sus heridas con sal, sino que Alá los ha recubierto de sal para asegurarse de que sientan dolor siempre que tengan una herida. Alá no te lo permitirá, no te permitirá amar.
Son escenarios maravillosos, un eterno amor a las mariposas, sitios donde los reyezuelos hacen nidos en los bolsillos de las chaquetas colgadas en tendederos y sus dueños con una sensibilidad desbordada no tocan hasta el próximo otoño, mágicamente las calles se llenan de oleadas del azul intenso de los pavos reales, y periquitos verde brillante de cuello rosa lanza graznidos mientras atraviesan los copos de nieve como un dardo. Carámbanos como flechas nos caen a los pies, miles de abejas posadas en los tilos, mientras bajo sus cortezas hibernan las polillas esperando renacer, calles bordeadas de cerezos salvajes, castaños de indias y cruzadas por puentes de espejos. Árboles que en vez de frutos dan bolas de cristal llenas de sangre que predicen una ira roja y una muerte roja. Y un rincón, un maravilloso rincón, mi rincón, nuestro rincón.
Mi ensoñadora librería en medio de un lago……. Safeena……. la verás de camino al rincón del Escándalo. Allí se buscan los dos, en medio de un follaje de terciopelo y brocado buscan yacer el uno junto al otro, a la deriva en una barca, sostenidos por su propia historia. Pensar en Suraya le produce todavía una reacción química en la sangre. El lago está rodeado de bandas concéntricas de arena multicolor, de grupos de juncos, de cantos rodados y, un poco más arriba, de pinocha, que el agua de la orilla mordisquea suavemente. Suraya se dirige hacia la cabaña rodeada de arces, por todos lados crece hiedra, no para de lloviznar, Shamas también se dirige a buscarla. La librería está pintada de un color marrón intenso, el color de las especias fuertes. Al principio, no tenía más que unas pocas cajas de libros. Estaba llena de arañas y tenía el cableado eléctrico a la vista, pero poco a poco, la fueron limpiando y empapelaron las paredes con un diseño de ramitas de sándalo, salpicado de parejas de ciervos con las colas como borlas de polveras. Ese es mi rincón, muy a pesar de Alá, el todopoderoso, mi maravilloso rincón. ¿Alá el bondadoso y compasivo sabrá perdonarme?
Shamas tiene que dejar de pensar en la muerte y la desdicha. Necesita tocar a Suraya, á pesar de Alá, tocar su juventud, la vida que hay en ella, sentir su aliento fresco en la cara. Él no quiere que ella sufra, en sus encuentros es fácil percibir el conflicto en la expresión del rostro de Suraya, el caos desatado en su interior, la estruendosa lucha entre la fe y la falta de fe……….¡¡El pecado!!.......... Ellos no deben estar allí. Siempre buscando el perdón de Alá. El sabe que la encontrará en Safeena, junto al lago, y sigue su senda sintiendo los dedos y las palmas de las manos húmedas y temblorosas, y continua andando por ese camino en medio de la maleza. Y ella está allí, esperándole. En medio de esa oscuridad, Shamas rodea suavemente el cuello de Suraya con su brazo izquierdo e inclina la cabeza para posar sus labios sobre los de ella. Su otra mano se hunde hasta la muñeca en sus abundantes rizos. La piel de ella huele a corteza de abedul y a almendras. Su melena está salpicada de destellos de electricidad estática, ella responde a sus besos y él la conduce al interior de la pequeña librería, donde huele a papel y a tinta. Ella es la vida. El ángel de la misericordia. Shamas es consciente del ruido que hacen los pulmones de Suraya. Él recorre su cuerpo sembrando pequeñas hogueras en su piel, pequeña detonaciones, y las parejas de ciervos rodeados de ramas de sándalo vuelven las cabezas para mirarles desde el papel de las paredes, él limpia con sus besos el pálido sudor de su cuerpo. Shamas apoya su rostro sobre el cuerpo de ella y susurra que es sorprendente darse cuenta de que ya conocía de antes el ritmo de su respiración. Él sigue buscando, descendiendo por ese cuerpo, descubriendo; la urgencia de él hace que la boca de Suraya, de repente, suelte un grito de sorpresa, quizás alguna protesta, hasta que contiene su respiración y cierra los ojos, se entrega como un río que sigue su curso. Otra vez desde la pared, los ciervos vuelven la cabeza para mirarla.
Cuando Zeus decidió yacer junto a Alcmena hizo que la noche fuese tres veces más larga. También él desea ahora que el alba no llegue a la hora indicada. Siempre……….Alá perdóname. Siempre rogando a Alá. Teme pasar el resto de su vida vagando por las calles susurrando el nombre de ella.
Siempre purificándose. Pero él no quiere perder su compañía………..ni su cuerpo. Solo quiere tocarla, arrancarle parte de su pena, y quedársela él, pero no puede, no está permitido. Alá le perdone. El sabe que no la olvidará, no cree disponer del tiempo suficiente como para poder olvidarla, porque para tales procesos se necesitan varias décadas y él ya es demasiado viejo. Suraya le acompañará hasta la tumba, muy por encima de Alá. Deja escapar un grito íntimo, el eco, y después, el eco del eco. Un grito, en el bosque de la vejez de su soledad. Alá, siempre Alá. No se puede amar con el alma esposada. Se siente como un juguete de cuerda que se ha topado contra un pliegue de la alfombra. Está frenado, todavía siente que tiene cuerda para seguir. Solo quiere amarla en todos los rincones de Safeena, con las cortinas echadas y los relojes ostensiblemente ocultos, como sucede en los casinos, aunque nadie les avisaría a tiempo de que lo que se estaban jugando allí era la vida. ¡¡Cómo la amaba, y Alá no lo dejaba!!
Pero estaba escrito en el libro que escriben los ángeles, El Libro del Destino, ese texto dorado, ese al que al abrirlo las polillas chocan ruidosamente atraídas por la luminosidad que emana la tinta de Alá. Están atrapados el uno junto al otro, confinados en la misma prisión solitaria…..y no hay escapatoria prudente. No existe ningún mapa posible para estos amantes.
Alá se filtra en su vida, se filtra en sus sueños, en su esperanza………………en las otras vidas de la novela, entre Jugnu y Chanda, sembrando odios a su alrededor, en la existencia de kiran, un rayo de luz que Alá consiguió apagar, en las entrañas de kauka, haciéndola venenosa por su ignorancia……………el todopoderoso Alá entra en tu sentir, en tu tomar, en tu coger, en tu notar…………….nada es libre, él siempre decide, porque él es siempre así. Sin más, a veces Alá no es una elección, más bien una eterna obligación.
Una brillante novela, que juega con la naturaleza; quizás por ponerle color a estas dramáticas vidas, el autor le pone nombre a flores, pájaros, árboles y especias, bellos ambientes para envolver a estas mujeres-polillas, encapulladas en un entramado de normas, religiones y temores, que nunca podrán ser mariposas. Que más dará que se llame Alá o cualquier otro nombre, si al final estás condenada a morir aun antes de nacer, sin ninguna opción de libertad. Una celebración al amor y a la vida. Una protesta a gritos por la falta de libertad. Señales y sonidos, olores y colores son un intenso telón de fondo en toda la novela. Descripciones maravillosamente exuberantes. Es cierto, encontrar el amor es a veces perder la vida, aunque estés viva, pero la ley de Alá es la ley de Alá y no puede cuestionarse.
Claro está que…………….. ¡¡Alabado sea el poder de Alá!!
Una historia con néctar de letras. Deliciosa y envolvente.

Carta abierta a un aprendiz de factor

Querido Milôs, no sé si estas palabras te llegaran, si será un buen momento para ti, tú sabes de telégrafos, de mensajes, de trenes correo y de sellos que se ponen en postales de suave piel, espero que sepas llegar hasta mí y oírme lo que te tengo que decir.
Acabo de leer los renglones de tu vida, una vida de chico ingenuo, bonachón y pasmarote. No debía ser fácil pasar tus horas siempre atento a vías por las que pasaban trenes, unas veces llenos de armas para acabar con la vida de los hombres y otras con hombres a los que se les estaba acabado la vida, unos oliendo a pólvora, otros a sangre y medicinas; y todo esto sin darte cuenta que tenías que cuidar la tuya. Fuiste protagonista y espectador de sucesos ridículos, obscenos y trágicos, aunque a veces no pudieras callar y te gustara contar. Debías de tener toda la paciencia del mundo, siempre esperando el próximo tren, siempre queriendo hacer tu trabajo bien; sin embargo no supiste esperar a que tu hombría se presentara sola y fuiste corriendo a acabar con tus días. ¡¡Bonita solución!! ¿Por qué no esperar? Ya sabías que había trenes que llegaban puntuales aunque a deshora, que un tren nunca llega tarde, que en la estación siempre hay alguien que espera.
No, no creo que fuera fácil tu existencia, cargando con el karma de unos parientes perdedores y desgraciados, que habían pasado por la vida como por la pista de un circo, regalando números de magia con tanques a todo el que quisiera mirar. En fin, un poco de lacra familiar que había que superar. Descubriste el amor y el deseo como encogido, no le diste tiempo a espabilar, derrochaste una ingenua humanidad que se convirtió en solemne cuando te tuviste que revelar ante el invasor, demostrando toda tu recién nacida hombría en las alturas, con un acto heroico sin sentido. Quizá te perdió la impaciencia, debió ser horrible ver el tren circular ruedas arriba, como si anduviese por el techo de la noche, esa noche que pronto cubriría tu silencio por los siglos de los siglos, debiste asustarte mucho al sentir tu sangre caliente correr por tu garganta hasta la cabeza ……………. ¡¡Pobre Milôs!! Como un títere dislocado cabeza abajo.
¡¡OH Milôs!! No eras un lirio mustio ni padecías enormes males, solo tenías que haber encontrado a tu mariposa y sentir el tierno arrullo, el tintineo y el murmullo de los dos. A Mása le gustaba verte con tu uniforme de botones de bronce, que mamá te limpiaba con sidol, tan elegante y tan varonil, debiste darle una segunda oportunidad. Solo eso.
Todo para que nos volvamos a enterar de que todas las guerras son estúpidas, incluida la tuya contra la impaciencia por ser hombre. Al final te igualaste con tu enemigo, diciéndonos que todos los hombres somos iguales, no importa de que bando estés, todos llevamos un alma dentro y mucha sangre que se empieza a derramar, no importa si vas o no subido al tren.
Desde ese momento dejaste de oír el tic-tac de la nieve para oírte a ti mismo diciéndote adiós, y desde ese momento tu uniforme y tu capa ya no te necesitaran. La preciosa estrella bordada con hilo dorado de aspirante a factor, se la quedará mamá.
Me ha encantado el libro que te cobija, una novela en la que la genialidad está en la sencillez, una brevedad donde se esconde mucho contenido. Es leer una historia en blanco y negro, marcada por gags semejantes a una película muda, contada con cierto romanticismo, deliciosa, delicadamente humana. Unas páginas distraídas y llenas de matices, tan completamente realista, que es fácil reconocer nuestras debilidades en los inquilinos de esa estación, hasta el punto de que es muy sencillo perdonarlas, todos cometemos o nos gustaría cometer los mismos pecados. A veces las cosas ocurren con tanta precipitación, certidumbre y naturalidad que no da tiempo a verlas llegar, suceden y ya está.
No es solo que guste el libro, a mi me ha gustado mucho lo que esconde en sus rincones, es bonito leer sobre lo realmente humano entre palabras sonrientes, divertidas y traviesas. Milôs, me ha encantado conocerte, me has parecido genial, y he disfrutado enormemente de los reglones que cuentan el por qué y el para qué de la vida. Te buscaré en alguna estación y tu madre te estará esperando tras a cortina, inmóvil, como siempre que te vas.

Descansa en paz Milôs Hrma