domingo, 18 de abril de 2010

Me asusta el tiempo

No es el dolor de un amor incumplido, no es la melancolía, no es tenerte o perderte, no es envejecer, es algo más tremendo y más grande que crece dentro de mí, tal vez en el tuétano de algún hueso y que acaso se llama vida. Porque vivir, no cabe duda, es triste, vivir es una daga que se lleva clavada en la sangre. Vivir es pasar el tiempo, y este se te va gastando, vivir es no darte tiempo de todo lo que te falta por vivir, vivir es no ver cumplido tu sueño, vivir es gustarme a ratos y no gustarme nunca, vivir es añorarte y saber que pasa la vida sin encontrarte, vivir es esperar a pasear mis últimas tardes. Me duele abrir los ojos cada mañana y no verte. Me duele dormirme cada noche porque ha pasado un día sin ti. Te se, te siento y te añoro… pasa la vida y soy consciente que la violencia que sopla entre mis piernas y en mi sangre se agazapará un día bajo mis años y poco a poco se echará a dormir, me haré vieja, mi vida habrá pasado y tú no estarás a mi lado. Ahora en el recuerdo ensarto sueños como cuentas, pero ante tu ausencia pierdo el hilo y las veo rodar melancólicas por el suelo y perderse entre las patas de los muebles y mis pies. Sigo viviendo y me columpio aburrida en el péndulo del tiempo y sabiendo que te vas en cada tic-tac del reloj.
Cuando hundo el rostro entre las manos no lloro por nada en concreto…las manos quedan ahí olvidadas, se me caen las lágrimas igual que se me caen las palabras cuando no puedo gritarlas. Es solo un ejército de arañas que teje y desteje sílabas inútiles…. Yo no puedo gritar, no puedo apaciguarme porque tengo la certeza de que nunca me ocuparas del todo. No hay voz humana que me consuele si no es la tuya, porque ellos ignoran la palabra exacta.
Algún día Dios me dirá levántate y tendré que irme. Contigo es el privilegio de la dicha y la ternura, la piedad y la paz, esa enorme generosidad tuya y la alegría, tu palabra afectuosa, la mano en mi espalda y tu voz, contigo es amar la vida, sin necesitar mucho más, quizás sea la inconsciencia pero yo la siento verdad. Todo a tu lado parece ilimitado y sin ti es el eterno luto bajo mi piel. Pronto llegaré a esa edad en la que los recuerdos se convierten en el sustento de la existencia y perderlos es peor que morir. Me siento tras estas manos que ocultan mi rostro en el momento de madurez mas extraordinario que he sentido nunca, pero mi historia es insegura y vacilante… lloriqueo ante algún miedo o recuerdo, ante la nostalgia y la certeza, me lastiman los olores, me ensordece al resto del mundo alguna canción, un sabor que me lleva a otro lugar, un ir y venir por toda mi vida, un pasearme mis sueños…. Un miedo a tenerlos y pánico a perderlos. Vivir es triste… siempre es triste, no puedo parar el tiempo ni mi vida, no sé que hacer, porque la angustia de no tenerte se me encoje dentro de la camiseta. Es fácil estar enfadada cuando eres conciente de que existe tanta belleza en la vida cuando estoy a tu lado… la he visto toda a la vez y es demasiado. Es llenarse de dicha y saber que no puedo aferrarme a ella porque resbala por mí y se va cada día de mi lado.
Aquí y ahora necesito que me enseñes a serenarme el juicio, a sostener el ánimo, afrontar la adversidad con calma, abrir y cerrar la ventana y ver estallar la primavera, reventar la luna llena y bramar las olas a mis pies, sin ti nada de eso podré ver. Por eso me tapo la cara, para esconderme detrás de tanta certeza, para rendirme sin armas a la vida, a lo que ella ha querido y he decidido por mi, a mis respuestas… a amar con absoluto derroche… se que he perdido, y aunque no he perdido la lección…¿Para qué me sirve ahora? Ya tengo edad para ocultar mis lágrimas y mis ojos tras mis manos y saber que este amor mío es amor perdido, amor hallado, amor mío perdido y hallado en el mismo otoño de mi vida, donde me ha temblado el alma, ignorando si de penas o de fríos, de ternuras antiguas o de miedo. Quiero vivir a tu lado, la misma vida, quiero comer contigo, estar, amar contigo, verte y tocarte…lo dicen mis sueños, mis palabras escritas, esa daga que llevo dentro, los latidos de mi sangre, el cansancio de mi cuerpo y la tristeza de mis ojos. Lo dice mi boca en silencio y mis gritos sordos, lo sabe mi almohada, mis pies que tanto te buscan… y lo sabes tú. Me pasa la vida y se vuelve vieja, vieja la noche y vieja yo, viejos mis brazos y mis pechos, viejas mis piernas y mi sonrisa, vieja, vieja, me volveré vieja y no estarás a mi lado. Cosas que no conozco, que no he aprendido, cosas que solo tú me has enseñado, cosas que me hacen llorar y por eso me escondo en mis manos…. Porque no puedo dejar el tiempo paralítico de un mordisco, aunque se que la botella esta llena, solo es mi vaso el que está vacío. Solo me queda dejar las tijeras abiertas para ver si ella tiene el valor de cortar el hilo de mi destino…. Mientras tendré el rostro hundido en mis manos y esperaré que mi corazón emprenda de mi cuerpo a tu cuerpo el último viaje. Estaré escondida.

viernes, 16 de abril de 2010

Locas palomas negras

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé! Golpes como del odio de Dios, como si ante ellos, no pudiéramos explicar como pasó, como sigue pasando... Yo no sé. Hay golpes en la vida tan fuertes....que se empoza el alma.... que abrieron y siguen abriendo zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte... que hicieron que los hombres gritaran... Perdóname, señor: qué poco he muerto!
No es una maldita novela, si hay algo que está maldito es nuestra Guerra Civil, porque fue atrozmente injusta, porque tenemos que saber que pasó, porque hay cosas que no se deben remover pero tampoco callar, porque todavía cuando recorres cualquier pueblo, sientes la húmeda tierra de cementerio que huele a sangre amada, porque fue ayer. La historia sigue viva e interesa porque sabes que puedes tocar todas las puertas de un pueblo y preguntar por alguien que ya no está, que se fue sin avisar para no volver, interesa porque en cualquier lugar encuentras una pared manchada de olvido...........cicatrices abiertas del tiempo.........destinos que blasfeman......criaderos de nervios y almas en pena......... malas brechas que abren el corazón al sentir tanta pena.......pedradas negras........moscas lloronas en cuerpos callados..........que no debemos olvidar. Es un triste viaje por pueblos donde quedaron muchos abrazos dormidos, muchos besos sin dar. Muchos agujeros llenos de llanto y de miedos, de hambre y miseria.......de sueños rotos y de hurtos de libertad. Pueblos que recuerdan a hombres con brazos atados a los que van a fusilar y a soldados a punto de disparar... a madres gritando, a hijas llorando... No, no creo que esté de más, leer una vez más una novela más, la misma historia repetida, que más da....la historia sigue viva, y está caliente. Mejor no olvidar, aunque sin culpar.
La novela recuerda el miedo... ese que sentimos, al contemplar un instante a un anciano que vivió esa guerra, lo miras con ternura, y quedas atrapado sin remedio por la incógnita que siempre provoca un hombre senil, la incapacidad de mirar a sus ojos perdidos y conocer una historia que se muestra deseoso de contar, que necesita saber que se sabe, que se sepa lo que ocurrió, su historia es tremendamente triste, enormemente dura e injusta, estas páginas ponen nuevamente voz a esos hombres que la vivieron. Isaac Rosa hace una buena labor, cuenta lo que todos cuentan, quizás nada nuevo, no habrá ya nada que descubrir, es cualquier pueblo, cualquier nombre, pero logra seducir, a través de un misterio, de unas almas fantasmas que se vuelven locas y ciegas a la verdad.
La Guerra civil fue una locura, y en estas páginas es esa locura la que ayuda a unas gentes a vivir, a esperar un regreso. Unas mujeres que se quedaron solas porque una injusta guerra les arrebató lo que más querían, niños que duermen y amanecen sin padres. Plazas llenas de hombres en grupo de a uno, armados de hambre, en medio de una lucha desigual ¿Batallas? ¡No! Pasiones. Y pasiones precedidas de dolores con rejas de esperanzas, de dolores de pueblos con esperanzas de hombres. De mujeres que gritaban “No mueras, te amo tanto” pero el cadáver ¡Ay! Siguió muriendo...
¡Cuídate España de tu propia España!
Y esa tierra para sobrevivir se vuelve loca. La locura se confunde con la desesperación, con la tristeza..................la locura llega despacito, pequeña, escondida en las formas de engaño que practicamos para sobrevivir...........cuando no queremos distinguir entre el sueño y la realidad, el pasado y el presente, la ilusión y la mentira. La locura no como desesperanza, sino todo lo contrario, la locura como esperanza, como ilusión, entregarte a la locura para sobrevivir. Todos de alguna manera hacemos lo mismo, como una forma menor de delirio, crearnos una realidad o una memoria a tu medida, y acabar negando cualquier cosa. Eso hace esta novela, recordarnos una historia a medida de cada uno. Una vez más nos encontramos con el pasado, con la memoria, la que nos han contado y la que hemos aprendido. Con el discurso de la memoria, con la forma en que este se construye y la manera en que la asumimos.
Quizás no importe el argumento, ni la forma, sino el homenaje. Un nuevo homenaje al dolor del mundo, al dolor del pasado, al estremecimiento humano, a tantas y tantas bocas llenas de esperanza que no pudieron gritar... Volver a pasear delante de tantas paredes comunes cubiertas con la cortina de la desmemoria, que solo levanta la nostalgia. El autor presenta la demolición de su propia novela, en un nuevo experimento sabotea sus páginas, su trabajo. Es una lectura y crítica al mismo tiempo, páginas llenas de un humor ácido que permite nuevamente escuchar la misma historia una y otra vez. Es una manera novedosa de contar, la autocrítica del mensaje y del estilo. Dos historias cruzadas, dos vidas, un niño adulterado que quiso ser escritor y un clásico cacique que quiso ser político, una vieja foto y un nombre en el reverso: Alcahaz.... una jaula llena de tristes palomas negras. Para volver a saber que en los dos campos hubo buenos y malos y al fin al cabo todos somos culpables. Todos podemos ser Caín.

¡Piedad, Señor, piedad para mi pobre pueblo
Donde mi pobre gente se morirá de nada!
Chapoteando en la vida como simples almas

Lo cuentan

Yo solo espero, espero y espero. Tengo muchas cosas que contarte, ¿Qué te cuento? ¿Dónde estás? ¿Por dónde empiezo? Mi intención solo es amarte, pero quiero contar…porque tengo miedo, porque así no se puede amar, se te cansa la espera. Lo mismo todavía no tengo edad para contar y tengo que esperar un poco más. Yo solo te cuento a ti, te cuento mis miedos…te cuento mi soledad y te cuento mi esperar ¿Te cuento lo que dicen que cuentan?........... voy a contar.
Lo cuenta la historia, lo cuentan los libros, lo cuentan las leyendas, lo cuenta la chica del diván, las viejas a las puertas, al fresco en las calles de los pueblos, lo cuentas los jóvenes en los patios de vecinos, esos a los que a ti te gusta visitar, entre aspidistras y pilas de lavar… sí, ellos lo cuentan. Los cuentos no lo cuentan, ellos no lo pueden contar, allí solo hay ranas y princesas que al besar tienen un amor por empezar y un buen final y no un amor que muere por necesidad. Lo cuentan los niños cuando juegan al coro, formando retahílas, en plazuelas y alrededor de las fuentes. Lo cuentan las canciones de antaño y las de ahora, también lo cuentan. Los trovadores, las folclóricas con sus desesperos que dicen: yo tan sola y tu tan lejos………... Lo cuentan los poetas, los que escriben y los que respiran poesía pero no la escriben. Lo cuenta la gente y juro que no me lo invento, yo no sé inventar. Eso era antaño, pero ahora en tiempos modernos también se escucha. También ahora se cuenta que se acaba el amor, sí, se acaba, es muy fácil que se acabe el amor. Lo cansa la espera.
Todos cuentan que algunos amores se acaban rompiendo, que dos almas que se quieren, van y se dejan de querer, que el olvido es consecuencia de una distancia y el cariño viene del rozar; y viene de antiguo que con tanta tristeza, los amantes acaban diciendo:
¡¡No ves que pierdo la vida, no ves que me estoy muriendo!!
Sí, eso lo cuentan que pasa. Cuando aprieta la soledad, y en silencio es cuando ahoga el recuerdo del que está lejos. ¿No lo ves? Con tanta distancia se nos marchitan los sueños, y el alma. Te pesan las alas, algo te ata a la tierra y no llegas al firmamento. Entre los brazos del desamor, se apaga este fuego, lo sopla el viento, despacito, pero sopla, hasta apagar. Los amores se mueren y no hay plañideras que los vengan a llorar, aquí cuentan que lloran las almas que ya se dejan de amar. Ahí no existen lutos, a nadie le importa como vistas luego el alma, si de negro, de malva o la dejes sin tapar. Nada ni nadie te viene a velar. ¡¡Escucha, que te cuento mi miedo!!
¿Oyes a las viejas?................dicen que los amores deben estar juntos, muy juntos, para que las respiraciones se abracen, si no es así, acaban no pudiendo respirar; lo dicen las viejas no lo digo yo. ¿Tú crees que es cierto? Eso de que la distancia es el olvido, tú crees que lo que cuentan será verdad, o será solo una quimera para forzar a que no te exponga a esta añoranza el que sientes que no está, yo no lo sé, si es mentira o es verdad, solo sé que se cuenta, que lo dicen, que no es bueno sentir esa soledad. ¡¡Estás siempre tan lejos!!
Si no es así, no vale la pena, te come la tristeza, aunque no quieras te matan los celos de tanto envidiar, te sangra la herida, o se infecta sin sangrar y la vida se escapa por una rendija, o peor por un sumidero, de tanto llorar, y de tanto no estar.
Lo cantan los niños, lo cuentan los tatuajes de los marineros que están siempre en la mar, lo leen los soldados en las cartas en el frente, le cuentan las cartas que alguien se ha cansado de esperar, lo cuentan los que cruzaron el mar en busca de porvenir y libertad con una maleta de cartón y una foto en color sepia en el bolsillo, la miraban y miraban y un día la dejaron de mirar, sin darse cuenta ni pensar. Lo cuentan los limpiabotas en sus cuentos y hacen gestos con las manos llenas de betún, lo silban los vientos, lo mecen las hojas, los pájaros con su canto, hasta los árboles lo contarán si alguna vez han escuchado el eco de un “Te Quiero” en un gritar, lo dicen los corazones rotos que pintan las niñas en el vaho de los espejos y viene de antaño que en los ojos aparece el llanto, la pena, y la tristeza. Después, el mundo parece un desierto, pierdes el sentido y las ganas de vivir, te falta hasta el aire, buscas un oasis, algo a qué a garrarte. Y solo sientes que aunque no quieres morir de amor, sientes que de amor puedes estar muriendo. ¿Me pasará eso a mí? ¿De amor puedo morir?
En realidad estos chismes son solo restos tejidos de historias sencillas, de pueblo, cuyo valor brota del calor que infunden y de la nostalgia que suscitan. Yo no quiero quedarme en mi prisión para cantar canciones de dolor. No, eso no, yo solo quiero amarte….amor, yo no quiero esperarte. ¿Dónde estás?
Y entre esos amores perdidos, llegan amores eternos y viene de siempre que tanta tristeza se va con el tiempo…...el corazón aunque no se recicla se recompone, y acabas no muriendo de amor sino de viejo. Menos mal, ya nadie muere de amor, ni por falta ni por sobra. Lo cuentan las viejas, las novelas y lo dice Katsumi ¿fue la última? desde Sayonara ya nadie muere de amor, gracias a Dios, la pobre se vistió de Madame Butterfly para ir a la ópera, y aunque murió cantando, murió de amor, menos mal, ya nadie muere de amor, gracias al cielo, a los santos y al talismán de mi corazón, se terminó, ya nadie muere de amor, es mejor morir de viejo pero recordando amores eternos. O recordando un tango, que aunque tango también cuenta:
Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve, sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada errante en las sombras te busca y te nombra, vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez.
En fin, te cuento lo que cuentan porque tengo ganas de contar y mucho miedo de callar, tengo que contar, por eso te cuento. Yo aun no soy vieja, por eso cuento lo que cuentan, dentro de algunos años contaré esas historias y la mía, a quien me quiera escuchar. ¿Dónde será?..................no sé, en una puerta al fresco, en un patio o en un zaguán, lo que sé de verdad es que entonces seré pasado y en ese momento podré contar. Tengo miedo del final, amor… tengo miedo de no encontrarte… de no poder empezar. Tengo miedo de esperarte y sin embargo te tengo que esperar.

viernes, 2 de abril de 2010

Un encuentro


Es fácil estar con él. No ha sido un presentarse, porque ya nos conocíamos, ha sido un encontrarse. Le envié unas letras, claro está, entre nosotros no puede ser de otra manera, pidiendo verle, y acepto encantado. Accedió a volar, a salir, por un rato de su lugar y encontrarse conmigo donde yo quisiera, me dijo, me dio a elegir, a él le cuesta muy poco viajar, se mueve con facilidad. Era importante el sitio, una no se sienta un rato a charlar con Chejov en cualquier lugar. Tenía que ser un sitio especial, acogedor por su ambiente literario y clientes de excepción. El café de Doña Rosa pensé, eso estará bien, se lo comuniqué y allí fue. Yo tenía ganas de volver, me resulta grato, el sentarme en uno de sus divanes acolchados de peluche y tomar un café. Te eché de menos.
El entrar allí es un volver atrás en el tiempo, el olor a chocolate y tabaco, todo el mundo fuma allí, los dorados y labrados en las maderas del techo, sus grandes lámparas de cristal, algún que otro espejo decrépito en las paredes, un reloj, de agujas y numeritos dorados que da las horas cuando quiere, y un gran teléfono negro, el único, quizás, de todo el lugar. Es un paisaje físico, que está poblado de seres humanos, que llenan el recinto con sus miradas, con el humo de sus cigarrillos, con sus conversaciones, con sus vidas y sus rumores. Se forman bonitas tertulias alrededor de sus mesas de “costoso mármol”, donde se construyen fábulas y esperanzas ilusorias o se disfruta de algunos gozos y alegrías.
Llegué al lugar, intencionadamente un rato antes, para disfrutar en soledad de ese ambiente singular y quería ver a Antón llegar. Me senté en una de las mesas que hay antes de llegar a la tarima de la orquesta, era temprano, nadie acompañaba al solitario piano y no había demasiada clientela. Doña Rosa estaba ocupada dando órdenes al camarero para que expulsara a un parroquiano insolvente. En el mostrador le hacen buena compañía a la dueña, la bonita cafetera niquelada que borbotea, pariendo sin cesar tazas de café exprés, mientras al otro lado la registradora de cobriza antigüedad abre su boca sin cesar, cobrando consumiciones, que aumentan el poderío económico de la dueña del café. Ella, tiene un físico imponente, si respira con profundidad, su presencia llena la escena, en este momento pega la hebra con el encargado, hablan de onzas, de leche y de escasez.
Un camarero con ánimo cansado y arrastrando un poco los pies me trae café. Los recuerdo siempre igual, embutidos en sus trasnochados smokings y sujetando las bandejas por el borde desgastado. El limpiabotas me sonríe pero no se acerca, se queda a esperar el trabajo, que aún está por llegar. El cerillero tampoco me presta mucha atención, me conoce ya, y sabe que no suelo fumar, entonces sola, me dedico tranquilamente a observar. La mayoría de los clientes del Café de Doña Rosa son gente sin recursos, pero siguen con atención el movimiento intelectual y literario de una época. Allí estaban los de siempre, los que meditan a solas, sobre entrañables cosas que les llenan o vacían la vida. Hay quién pone al silencio un ademán soñador, impreciso, otros intentan hacer memoria, con la cara absorta. Los poetas se ensimisman con el lápiz en la mano y la mirada extraviada. El que ocupa la mesa, a mi lado, es un poeta joven, de esos que hacen versos de amor, está ojeroso, escribe algo en el papel y vuelve a buscar, siempre busca a la mariposa de la inspiración entre las lámparas del salón.
En alguna mesa, un cliente distinguido, es fácil adivinar por su atuendo a la moda, su periódico en propiedad y ese aire de importancia al caminar. Esperará a una señora o quizás una tertulia con tintes políticos, para luchar por no agotar las posibilidades de arreglo para este mundo cruel y difícil. Quizás, necesite un pequeño triunfo hoy para mantenerse vivo. Un poco más lejos, en un diván, descansan dos señoras de aspecto triste, diría pesimista, pero encarnan unas claras pretensiones sociales, una es un poco entrada en años, la otra es joven y mira al suelo. Hablan entre ellas y señalan a la mesa de los poetas. Algo deben de saber digno de referir. Toman chocolate.
He visto entrar a Antón, le hago señas desde el fondo del salón. Tiene un aspecto impecable, es muy alto, diría que arrogante, viste inmaculadamente, de negro. Es un hombre de frente ancha, cabello negro peinado hacia atrás; su peculiar perilla y sus lentes de pinzas, le dan un aire distinguido. Está elegante, yo diría que es un hombre bello, no ha cambiado mucho, su aspecto es excelente. Se acerca educadamente, no podría ser menos, las señoras lo miran al pasar y él inclina su cabeza al saludar. Me acerco a él y nos damos un solo beso en la mejilla, Antón es especial. Tiene unos enormes ojos negros que rebosan sensibilidad y una sonrisa pícara, parece un hombre que disfruta del buen humor a pesar de su situación. No está pálido, ni tiene aire de evadido, en absoluto, se le ve lleno de vida, alerta.
Le impresiona el lugar, solo lo conocía por la novela, pero no lo había podido visitar. Le gusta el contacto frío del mármol de los veladores, son antiguas lápidas de cementerio, a las que Doña Rosa les da un nuevo uso, y eso a mi invitado le hace sentirse como en casa. Un atractivo del lugar, es leer por debajo de las mesas, con los dedos, los nombres de los difuntos que tuvieron antes, esa propiedad. Antón ríe, ante esta originalidad, su humor es genial.
Pedimos chocolate, es la especialidad, unos mojicones para mojar y dos copas de ojén. Charlamos, de todo en general. Me cuenta que se encuentra bien, a pesar de sus problemas de salud, no siente malestar, ni vive en soledad. Sufrió una larga enfermedad, pero mejor no recordar. Sabe que no está solo, muchos sufrieron lo que él, conoce a Kafka y a Marguerite Gautier, que pasaron las mismas penurias físicas que él, lucharon años contra ese mal, pero soñaron y amaron de verdad. Sabe que el tiempo no acabó allí, que puede seguir, está con Olga y le queda mucho por contar, necesita seguir contando. Pasa Doña Rosa a nuestro lado detrás de su enorme gato, tropieza con los clientes y dice con frecuencia “nos ha merengao”, el gato parece entenderla y juega a ser perseguido entre las mesas. Antón observa a Doña Rosa y ríe con ironía, me dice que algún día le escribirá un cuento, es la gula y la avaricia personificada; le cuento, que se comenta en el lugar, que guarda baúles enteros de oro, tan bien escondidos que no se los encontraron ni durante la guerra civil. Ya, no se sabe, si pesa más el oro, o ella misma.
Es una buena compañía, Antón. Hablamos de “La Tristeza”, su cuento; le digo que es de lo más profundo y doloroso que he leído. Que es un dolor desamparado, angustiado, es la más honda soledad. ¿Sabes que me dice?......que no me asombre, que al mirar a cualquier lugar puedo encontrar a personas así, como el cochero, solas y tristes. Que el mundo está triste y la gente está sola, muy sola. Que nos estamos olvidando de querer, que no sabemos amar. Que no sabemos vivir, que cuando nos demos cuenta ya no podremos seguir. La Tristeza es casi general. Es una pena, dice, pero es verdad. La soledad es la máscara, la búsqueda, la pérdida, el desamor, las añoranzas………. Un jarrón vacío hecho de cristal de angustias y de sueños; o como un gran cántaro de barro, que cuanto más vacío está, más retumba. Oh…………..hablamos de La Dama del perrito, es su cuento preferido. Dice que la escribió como contraposición a Anna Karenina de Tolstoi, pues no deseaba mostrar la convención social, sino más bien unas personas que aman, lloran, sienten y viven. Un canto a la humanidad. No podía censurarlos por un acto de amor. Le pregunte si conoció a la dama en cuestión y me dijo que sí, que alguna vez la tuvo por compañera, o que, me asome a un espejo. Hay muchas Anna Sergueevna, comentó. Es frecuente, que la suerte misma destine una persona a otra y sin embargo, resulta incomprensible que la misma suerte los ponga a tanta distancia. Que todos los que aman sin reservas y sin pensar, están en ese lugar, delante de un balcón con la persona a la que aman detrás, consolando sin saber que decir o qué no lamentar. Diciendo, no llores más. Me dijo que a esos cuentos no se les puede dar otro final, si lo quieres diferente te lo tienes que inventar. Hay hombres y mujeres que dejan el tren del amor, porque alguna vez lo han conocido; incluso que han podido subir a él pero lo dejaron ir porque sólo quedaban billetes de segunda clase o porque no estaban seguros de querer llegar al destino que se indicaba en su itinerario. El también sabe, de relojes parados y corazones de tiza.
Dice que le gusta escribir y sigue escribiendo, que no sabe de historias ni cuentos, sino de emociones. El mira a los ojos de la gente y se acerca a un sentimientos, o dos, o un montón, somos pura pasión. Así es muy fácil escribir, me dice, basta tener el sentimiento al que dedicarle unas líneas, bautizar a las personas y dejar fluir. Sus cuentos reflejan situaciones aparentemente vulgares, por lo general, somos así, tremendamente humanos. Aunque hay excepciones, por eso hay cuentos que empiezan con: Erase una vez un trozo de madera……………Así comienza el cuento de Pinocho y así se podría comenzar a contar la historia de mucha gente. Hay personas que son eso, trozos de madera, incapaz de sentir. El mundo es un vivero de historias increíbles, pero hay que pararse a mirar.
El chocolate estaba exquisito, ha sido una merienda deliciosa. Doña Rosa nos ha invitado, en un larde de generosidad, no nos ha querido cobrar, esta noche tendrá menos que contar. Pero no todos los días tiene a Antón Chejóv sentado en su salón. Ahora hay más gente en el local, y mucho humo, pero a mi compañero no le parece molestar, hacemos un chin-chin con el último sorbito de ojén, a la salud de Cela, que nos trajo a este lugar. También una promesa de querer regresar. Es hora de irnos y vamos juntos, hacía la puerta. Me cuenta que le espera Olga, para pasear por un jardín de cerezos, que es muy feliz y se siente muy amado. Ya en la calle, un abrazo y no un adiós, más bien un hasta luego, el sabe que voy a seguir leyendo sus cuentos y yo sé que en algún lugar él me esperará, al despedirse me ha dicho que, lo que de verdad ha ganado ahora, es, el no preocuparse por el paso del tiempo, le es igual.
Me hizo ver que el puro presente no es sino el fugitivo progreso del pasado royendo el futuro. A decir verdad, toda percepción ya es memoria. Él, dice sentir………..un bonito bienestar. Ha sido una tarde maravillosa, de no olvidar, que fácil es, si se quiere de verdad.
Hasta pronto, Antón.


sábado, 20 de marzo de 2010

La alameda del fin del mundo

Todos tenemos un sueño, viajar a nuestra Patagonia particular es como ir hasta el fin del concepto, como llegar al fin de las cosas. Mi sueño es....... mi Patagonia particular. El sueño del doctor Pasavento es seguir a Walser, su insensata y nada interesante vida sabe que si mira mucho rato al abismo, el abismo acabará observándole a él. La “bella desdicha” es un estilo de vida, una ciencia, un alegre deslizamiento hacía el silencio, una ética de las desesperanzas. Él explora sus abismos interiores, es fiel a las regiones inferiores y se mueve con calculada perfección hacía el país de los ceros a la izquierda, hacia el anonimato. Busca una bella infelicidad, pasar desapercibido, sigue a Walser y yo he ido con ellos.........hasta allí donde el poeta encontró su plácido final. Un día de navidad halló en la nieve su sepulcro natural, el lugar donde el lamento, si hubiera podido hubiera emitido el sordo horror mudo que precede al grito cuando lo vio caer junto a su primer cigarrillo Maryland de cada mañana, allí donde Pasavento y yo oímos su poema:
Nieva que nieva, la tierra se repliega
en un lamento blanco y vasto, muy vasto.
Se agita bajo el cielo el enjambre
de copos sin consuelo, la nieve, la nieve.
Te da un sosiego, una amplitud;
blanco por la nieve el mundo me conmueve.
Y así, la nostalgia, antes pequeña y ahora grande,
se apodera de mí y se vuelve lágrima
Entre hayas y abetos, subes por la ladera del Schochenberg hasta Rosenberg, y tratas de aspirar a pleno pulmón el puro aire invernal. De pronto saliendo de una curva, entre destellos de nieve que centellean con luminosidad de espejo, aparece en lo alto, imponente y majestuoso, con extensas praderas y bosques nevados alrededor, el edificio del viejo manicomio, una construcción aislada de todo y que parece salida de una novela gótica..... ¿A veces los relojes andan marcando horas que ya fueron? ¿Quién baila con la realidad en la frontera?....la ficción. Esa soledad buscada es el afrodisíaco del espíritu y allí es donde ellos encuentras su bella Patagonia particular, allí se inventan sus colores, los aromas, los sonidos, el tacto y el gusto, el azul del cielo, el verdor del suelo, el centelleo del sol en el agua, el olor de la tierra seca o húmeda, del viento y de la lluvia, ciertos colores de las flores y del plumaje de los huevos de las aves, como el púrpura brillante de la cáscara del huevo del tinamú. ¿Por qué no buscar tu sueño? si te encuentras emboscado en el feliz mundo de los eclipsados. Al salir de tu caverna platónica, estás confuso, el mundo es una gran tramoya y tú no encuentras papel. En un pequeño gesto de libertad, pones tu vocación de solitario a la intemperie. Quieres ver si en medio del páramo es también posible vivir, respirar, ser, desear, dormir por la noche y soñar. ¿Porqué no?
Vila- matas prestidigita con la palabra, derrocha y despilfarra su talento...Doctor Pasavento es un libro enorme, con una gran cantidad de datos, que te llevan a la curiosidad, a conocer y viajar por sus páginas..............pasear por Solitude-promenade, el melancólico y bellísimo paseo que bordea al Rin junto a Erasmo de Rotterdam y su elogio de la locura; con Kafka pasamos días en su sótano entre sus papeles y diarios, junto a Lobo Antunes vamos de la mano por Lisboa y sus locos, nos enseña a gritar palabras del Fausto de Goethe:...... ¡¡ Devuélveme el impulso sin mesura, la dicha dolorosa en lo profundo, la fuerza del odio y el poder del amor. Devuélveme otra vez mi juventud!!......jugamos a los detectives con Bolaño, tomamos café en el “Odeón” con Lenin, Jame Joyce y vemos debutar a Mata- Hari........recorrer la calle Vaneau con Emmanuel Bove...le preguntamos a Imre Kértesz por su destino.......a Fleur Jaeggy por sus hermosos años castigados.....y merendamos magdalenas con Proust.........mientras buscamos junto a Cortazar a su Maga.............así en un continuo viaje por las letras, hasta llegar a La Cartuja, de Sevilla de la mano de un fantasma..
La novela habla de una huida sin retorno, entre el polvo patagón y la cáscara de huevo de tinamú, de la posibilidad de no ser nadie y del noble arte de desaparecer. Un juego de estímulos, recreos de imaginación y conmociones. Produce un efecto claro de incitación a otras lecturas como pocas veces encuentras en un libro, es una eterna invitación.
Sí, habría que lavarse bien los ojos antes de cada mirada, dicen los japoneses y antes de leer otro libro, también...es volver a empezar. Es una mina, un filón de documentación..........el sublime arte de escribir por escribir, aquí no hay crisis de lenguaje, es pura escritura, un gran libro o miles de microgramas con una caligrafía apretada y un pequeño lápiz. Es una obra maestra, funde la realidad y la ficción con suavidad, burla, humor y la superioridad de la literatura. La piel del libro es la prosa y su oxigeno la ironía. Gracias Isabel por traer a casa el Santo Grial de Pasavento.

Mapa para amantes perdidos

Aprovechando un descuido de Alá se escriben estos renglones que reivindican la voz del alma de los musulmanes, ahondan en los problemas de libertad en el amor y en la elección de una manera de vivir. El amor, como peligro, envuelto en reglas muy estrictas y bajo la atenta mirada de Alá todopoderoso y sus preceptos. ¿Cómo la intención de romper un todo establecido y la lucha por un deseo propio te cuesta la vida?...........¡¡Por Alá!! ........ Mediante cuatro estaciones y sus cambios en la naturaleza, hermosos corazones cantan sus historias de amor. Son historias a saltos, a pata coja pero sin pisar líneas, como jugando al juego de La Rayuela. Amantes que son conducidos a la muerte por amar, expresiones de vergüenza que cruzan los rostros en cuanto mencionan el nombre de su amor, o cuando aluden a la búsqueda de la felicidad y se encuentran con el pecado. ¿Quién es nadie para juzgar? ¿Quién es Alá? No es que el mundo se empeñe en frotar sus heridas con sal, sino que Alá los ha recubierto de sal para asegurarse de que sientan dolor siempre que tengan una herida. Alá no te lo permitirá, no te permitirá amar.
Son escenarios maravillosos, un eterno amor a las mariposas, sitios donde los reyezuelos hacen nidos en los bolsillos de las chaquetas colgadas en tendederos y sus dueños con una sensibilidad desbordada no tocan hasta el próximo otoño, mágicamente las calles se llenan de oleadas del azul intenso de los pavos reales, y periquitos verde brillante de cuello rosa lanza graznidos mientras atraviesan los copos de nieve como un dardo. Carámbanos como flechas nos caen a los pies, miles de abejas posadas en los tilos, mientras bajo sus cortezas hibernan las polillas esperando renacer, calles bordeadas de cerezos salvajes, castaños de indias y cruzadas por puentes de espejos. Árboles que en vez de frutos dan bolas de cristal llenas de sangre que predicen una ira roja y una muerte roja. Y un rincón, un maravilloso rincón, mi rincón, nuestro rincón.
Mi ensoñadora librería en medio de un lago……. Safeena……. la verás de camino al rincón del Escándalo. Allí se buscan los dos, en medio de un follaje de terciopelo y brocado buscan yacer el uno junto al otro, a la deriva en una barca, sostenidos por su propia historia. Pensar en Suraya le produce todavía una reacción química en la sangre. El lago está rodeado de bandas concéntricas de arena multicolor, de grupos de juncos, de cantos rodados y, un poco más arriba, de pinocha, que el agua de la orilla mordisquea suavemente. Suraya se dirige hacia la cabaña rodeada de arces, por todos lados crece hiedra, no para de lloviznar, Shamas también se dirige a buscarla. La librería está pintada de un color marrón intenso, el color de las especias fuertes. Al principio, no tenía más que unas pocas cajas de libros. Estaba llena de arañas y tenía el cableado eléctrico a la vista, pero poco a poco, la fueron limpiando y empapelaron las paredes con un diseño de ramitas de sándalo, salpicado de parejas de ciervos con las colas como borlas de polveras. Ese es mi rincón, muy a pesar de Alá, el todopoderoso, mi maravilloso rincón. ¿Alá el bondadoso y compasivo sabrá perdonarme?
Shamas tiene que dejar de pensar en la muerte y la desdicha. Necesita tocar a Suraya, á pesar de Alá, tocar su juventud, la vida que hay en ella, sentir su aliento fresco en la cara. Él no quiere que ella sufra, en sus encuentros es fácil percibir el conflicto en la expresión del rostro de Suraya, el caos desatado en su interior, la estruendosa lucha entre la fe y la falta de fe……….¡¡El pecado!!.......... Ellos no deben estar allí. Siempre buscando el perdón de Alá. El sabe que la encontrará en Safeena, junto al lago, y sigue su senda sintiendo los dedos y las palmas de las manos húmedas y temblorosas, y continua andando por ese camino en medio de la maleza. Y ella está allí, esperándole. En medio de esa oscuridad, Shamas rodea suavemente el cuello de Suraya con su brazo izquierdo e inclina la cabeza para posar sus labios sobre los de ella. Su otra mano se hunde hasta la muñeca en sus abundantes rizos. La piel de ella huele a corteza de abedul y a almendras. Su melena está salpicada de destellos de electricidad estática, ella responde a sus besos y él la conduce al interior de la pequeña librería, donde huele a papel y a tinta. Ella es la vida. El ángel de la misericordia. Shamas es consciente del ruido que hacen los pulmones de Suraya. Él recorre su cuerpo sembrando pequeñas hogueras en su piel, pequeña detonaciones, y las parejas de ciervos rodeados de ramas de sándalo vuelven las cabezas para mirarles desde el papel de las paredes, él limpia con sus besos el pálido sudor de su cuerpo. Shamas apoya su rostro sobre el cuerpo de ella y susurra que es sorprendente darse cuenta de que ya conocía de antes el ritmo de su respiración. Él sigue buscando, descendiendo por ese cuerpo, descubriendo; la urgencia de él hace que la boca de Suraya, de repente, suelte un grito de sorpresa, quizás alguna protesta, hasta que contiene su respiración y cierra los ojos, se entrega como un río que sigue su curso. Otra vez desde la pared, los ciervos vuelven la cabeza para mirarla.
Cuando Zeus decidió yacer junto a Alcmena hizo que la noche fuese tres veces más larga. También él desea ahora que el alba no llegue a la hora indicada. Siempre……….Alá perdóname. Siempre rogando a Alá. Teme pasar el resto de su vida vagando por las calles susurrando el nombre de ella.
Siempre purificándose. Pero él no quiere perder su compañía………..ni su cuerpo. Solo quiere tocarla, arrancarle parte de su pena, y quedársela él, pero no puede, no está permitido. Alá le perdone. El sabe que no la olvidará, no cree disponer del tiempo suficiente como para poder olvidarla, porque para tales procesos se necesitan varias décadas y él ya es demasiado viejo. Suraya le acompañará hasta la tumba, muy por encima de Alá. Deja escapar un grito íntimo, el eco, y después, el eco del eco. Un grito, en el bosque de la vejez de su soledad. Alá, siempre Alá. No se puede amar con el alma esposada. Se siente como un juguete de cuerda que se ha topado contra un pliegue de la alfombra. Está frenado, todavía siente que tiene cuerda para seguir. Solo quiere amarla en todos los rincones de Safeena, con las cortinas echadas y los relojes ostensiblemente ocultos, como sucede en los casinos, aunque nadie les avisaría a tiempo de que lo que se estaban jugando allí era la vida. ¡¡Cómo la amaba, y Alá no lo dejaba!!
Pero estaba escrito en el libro que escriben los ángeles, El Libro del Destino, ese texto dorado, ese al que al abrirlo las polillas chocan ruidosamente atraídas por la luminosidad que emana la tinta de Alá. Están atrapados el uno junto al otro, confinados en la misma prisión solitaria…..y no hay escapatoria prudente. No existe ningún mapa posible para estos amantes.
Alá se filtra en su vida, se filtra en sus sueños, en su esperanza………………en las otras vidas de la novela, entre Jugnu y Chanda, sembrando odios a su alrededor, en la existencia de kiran, un rayo de luz que Alá consiguió apagar, en las entrañas de kauka, haciéndola venenosa por su ignorancia……………el todopoderoso Alá entra en tu sentir, en tu tomar, en tu coger, en tu notar…………….nada es libre, él siempre decide, porque él es siempre así. Sin más, a veces Alá no es una elección, más bien una eterna obligación.
Una brillante novela, que juega con la naturaleza; quizás por ponerle color a estas dramáticas vidas, el autor le pone nombre a flores, pájaros, árboles y especias, bellos ambientes para envolver a estas mujeres-polillas, encapulladas en un entramado de normas, religiones y temores, que nunca podrán ser mariposas. Que más dará que se llame Alá o cualquier otro nombre, si al final estás condenada a morir aun antes de nacer, sin ninguna opción de libertad. Una celebración al amor y a la vida. Una protesta a gritos por la falta de libertad. Señales y sonidos, olores y colores son un intenso telón de fondo en toda la novela. Descripciones maravillosamente exuberantes. Es cierto, encontrar el amor es a veces perder la vida, aunque estés viva, pero la ley de Alá es la ley de Alá y no puede cuestionarse.
Claro está que…………….. ¡¡Alabado sea el poder de Alá!!
Una historia con néctar de letras. Deliciosa y envolvente.

Carta abierta a un aprendiz de factor

Querido Milôs, no sé si estas palabras te llegaran, si será un buen momento para ti, tú sabes de telégrafos, de mensajes, de trenes correo y de sellos que se ponen en postales de suave piel, espero que sepas llegar hasta mí y oírme lo que te tengo que decir.
Acabo de leer los renglones de tu vida, una vida de chico ingenuo, bonachón y pasmarote. No debía ser fácil pasar tus horas siempre atento a vías por las que pasaban trenes, unas veces llenos de armas para acabar con la vida de los hombres y otras con hombres a los que se les estaba acabado la vida, unos oliendo a pólvora, otros a sangre y medicinas; y todo esto sin darte cuenta que tenías que cuidar la tuya. Fuiste protagonista y espectador de sucesos ridículos, obscenos y trágicos, aunque a veces no pudieras callar y te gustara contar. Debías de tener toda la paciencia del mundo, siempre esperando el próximo tren, siempre queriendo hacer tu trabajo bien; sin embargo no supiste esperar a que tu hombría se presentara sola y fuiste corriendo a acabar con tus días. ¡¡Bonita solución!! ¿Por qué no esperar? Ya sabías que había trenes que llegaban puntuales aunque a deshora, que un tren nunca llega tarde, que en la estación siempre hay alguien que espera.
No, no creo que fuera fácil tu existencia, cargando con el karma de unos parientes perdedores y desgraciados, que habían pasado por la vida como por la pista de un circo, regalando números de magia con tanques a todo el que quisiera mirar. En fin, un poco de lacra familiar que había que superar. Descubriste el amor y el deseo como encogido, no le diste tiempo a espabilar, derrochaste una ingenua humanidad que se convirtió en solemne cuando te tuviste que revelar ante el invasor, demostrando toda tu recién nacida hombría en las alturas, con un acto heroico sin sentido. Quizá te perdió la impaciencia, debió ser horrible ver el tren circular ruedas arriba, como si anduviese por el techo de la noche, esa noche que pronto cubriría tu silencio por los siglos de los siglos, debiste asustarte mucho al sentir tu sangre caliente correr por tu garganta hasta la cabeza ……………. ¡¡Pobre Milôs!! Como un títere dislocado cabeza abajo.
¡¡OH Milôs!! No eras un lirio mustio ni padecías enormes males, solo tenías que haber encontrado a tu mariposa y sentir el tierno arrullo, el tintineo y el murmullo de los dos. A Mása le gustaba verte con tu uniforme de botones de bronce, que mamá te limpiaba con sidol, tan elegante y tan varonil, debiste darle una segunda oportunidad. Solo eso.
Todo para que nos volvamos a enterar de que todas las guerras son estúpidas, incluida la tuya contra la impaciencia por ser hombre. Al final te igualaste con tu enemigo, diciéndonos que todos los hombres somos iguales, no importa de que bando estés, todos llevamos un alma dentro y mucha sangre que se empieza a derramar, no importa si vas o no subido al tren.
Desde ese momento dejaste de oír el tic-tac de la nieve para oírte a ti mismo diciéndote adiós, y desde ese momento tu uniforme y tu capa ya no te necesitaran. La preciosa estrella bordada con hilo dorado de aspirante a factor, se la quedará mamá.
Me ha encantado el libro que te cobija, una novela en la que la genialidad está en la sencillez, una brevedad donde se esconde mucho contenido. Es leer una historia en blanco y negro, marcada por gags semejantes a una película muda, contada con cierto romanticismo, deliciosa, delicadamente humana. Unas páginas distraídas y llenas de matices, tan completamente realista, que es fácil reconocer nuestras debilidades en los inquilinos de esa estación, hasta el punto de que es muy sencillo perdonarlas, todos cometemos o nos gustaría cometer los mismos pecados. A veces las cosas ocurren con tanta precipitación, certidumbre y naturalidad que no da tiempo a verlas llegar, suceden y ya está.
No es solo que guste el libro, a mi me ha gustado mucho lo que esconde en sus rincones, es bonito leer sobre lo realmente humano entre palabras sonrientes, divertidas y traviesas. Milôs, me ha encantado conocerte, me has parecido genial, y he disfrutado enormemente de los reglones que cuentan el por qué y el para qué de la vida. Te buscaré en alguna estación y tu madre te estará esperando tras a cortina, inmóvil, como siempre que te vas.

Descansa en paz Milôs Hrma

domingo, 14 de marzo de 2010

Niña Clara







Ella es así…
Como una gran tormenta.
Tiene en sus ojos un principio de verde,
De musgo húmedo,
De mundos que se abren
De días que despiertan tempestades.
Inmenso amanecer.
De horizontes despejados
Donde habitan historias,
Donde viven sus sueños.

Es blanca y suave
Como ella sola
Charlatana y compinche
Como ninguna.

Se le sale la risa por los ojos,
A saltos de cascadas,
Refrescando mis ríos
De silencios, penas y tristeza.

Ella es así
Niña manchada,
Huele a niñez sabia e ingenua….
Se desborda en porqués
Con hambre inteligente
Y me regala cuentos
Y me regala besos.
Necesita abrazos y respira.
Mi niña de pecho, tremendos momentos.

Su nombre es sencillo,
Y transparente como ella.
De vocales abiertas y sonoras.
Ella es así, sin moños ni adornos.
En ella no hay pétalos, es toda cáliz.

Mi Clara, hija de la vida
Del juego, de la siesta
De la tierra y del mar
De la alegría.
Buena amiga. Desde siempre

En momentos del día
Sus dedos sueñas letras y palabras
Dibujan historias
De magos y delfines
Que ella me escribe en mil papeles.
Gran emborronadora de páginas de harina.

Ella es así,
Torbellino de expresiones y prisas.
Caudal infinito de palabras y
Compañía.
Curiosidad y ganas.

Un grito, un enojo,
Un llanto, un enfado y dos abrazos…
Todo en ella son máximos,
Mi Clara es así…
Hecha de trabajo y pasión
Hecha para regalar y regalarse
Clara es, vida viva.

Niño Gonzalo




Niño suave, Niño pluma,
Soplo leve.
Miniatura en mis brazos.

Inmensidad de cielos y de miedos,
Océanos de calma y mil temores.
Me superas ahora, quiero ser tu amiga,
Entenderte, comprenderte, tenerte.
Silencios y te quieros.

Paz y noches
Luna y luceros
Niño leve, niño mago
Niño que asiente y valiente
Grandioso, Inmenso y tremendo.
Liviano como el aire,
Profundo como el mar.
Dormido
Despierto y ausente.

Ojos de tierra arada
Cascadas de risa. Siempre la risa.
En ti sueña mi vida
Y se enredan mis sueños.

Niño blanco y suave
Huele a leche
Vainilla y chocolate.
A ilusiones
A tranquilidad y espera.

Niño grandioso y generoso.
Niño de paz y consuelo.
Nunca más, siempre es bastante.
Niño y silencio.
Niño pensante.

Niño ángel. Niño grande.
Dedos sutiles y de seda.
Emerges en mi vida transparente,
Silencio de pasos.
Niño leve. Niño beso.

Es mi niño callado que aprende.
Niño de amigos de siempre
De manos frías y corazón caliente
De Pototas y ratona,

El que juega eternamente.
El niño constante,
Bonito semblante,
Niño bueno, niño lindo
Ves la vida
Con ojos tras las lunas
Confusión de colores, mundo borroso,
Mirada de poeta
Mi niño es calma.
Niño de nublados, de no querer soles

Niño sin prisas
De enfados en miniaturas.
Siempre te quieros y besos.
Buenas noches y un te quiero
Otro más y duerme en paz.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Virutas de mariposas y tortugas

Después de la boda su marido resultó ser un hombre calculador y de costumbres fijas en la intimidad. Cada noche, limpio, perfumado y alegre, se sentaba encima de la cama. Empezaba con palabras amables y cariñosas, apaga la luz, para no turbarla, retiraba la sábana, la acariciaba con moderación y después le ponía una mano en el pecho. Ella siempre tumbada, con el camisón subido, él siempre encima; mientras, detrás de la puerta iba sonando un reloj de péndulo con grabados dorados. Embestía. Gemía. Si hubiera querido, ella habría podido contar cada noche unas veinte embestidas moderadas, la última reforzada por una nota de tenor. Después se tapaba y se dormía. En absoluta oscuridad ella permanecía vacía y aturdida al menos una hora más. A veces a sí misma con los dedos. Se lo quiso contar en secreto a una amiga íntima, que le hubiera dicho: Cuando se ama es distinto, pero cómo explicarle mariposas a una tortuga. Luego………de los años………..ella amó, y fue distinto. Supo esperar, y llegó, no fue tortuga, sabía de mariposas. Una vez, ella sintió de pronto en la nuca, en la raíz del pelo, una especie de agradable punzada interior que irradiaba calor hacia los hombros y las axilas, por eso supo, que fue entonces.
No eran pareja, tan sólo dos personas. ¿Conocidos? ¿Amigos? ¿Una alianza para un día de tormenta? ¿El afecto del atardecer, de una vida? Piernas entrelazadas. Las tuyas, las mías. Tú frente a mí y yo frente a ti. Un hombre y una mujer se aman o no se aman. Tú y yo. Ten cuidado con las palabras no sea que nos toquemos. Yo estoy en calma y tú estás calmado. Con la yema de los dedos te toco la mano: Gracias, estoy bien junto a ti.
Pero ¿Cómo empezar una historia de amor?........son candidatos a amar, recelan y desean, desean y se sobresaltan a un desconcierto corporal. Ella no es una gacela y el no es un ciervo. ¿Cómo y por donde empezar a amar? Ella está sentada, él está de pie. Fuera vuelve a llover, la lluvia arrecia y va vertiéndose sobre ranuras negras de persianas viejas, pule cristales de ventanas cerradas que guardan, cae sobre jardines, la calle húmeda y vacía, la luz vacilante, la habitación pequeña. Algún canalón de la casa ronca y se ahoga como un viejo con un mal dormir. ¿Cómo empezar en este momento una historia de amor? Ella está de pie y él sentado. Está aturdida. Está aturdido. El sigue probando a hablar, a contar, ¿Qué contará?.......mientras él habla, ella alarga el brazo y coge un cojín, él se estremece porque el calor de su pecho casi le ha rozado la espalda. Ahora mismo tengo que quitarle ese yugo de temor, piensa ella, agarrada al cojín. Ella le roza, sonriendo con los ojos, y le pide algo, pero algo así: Si te casas conmigo me caso contigo. Él le besa la frente y le va desabrochando los corchetes demasiado tensos del vestido. Y llegó el contacto, un tímido abrazo, en parte por la soledad de la carne y en parte por afecto, mucho afecto. Después, ella apagó la luz y los dos se desnudaron con pudor, en total oscuridad, a ambos lados de la cama. Se encontraron a tientas. Ella sintió que tenía que enseñarle, a pesar de su edad, parece que tú sabes más, se dijo. Él no se debe enterar, del tiempo que ha perdido ya, ella no es libre y él no es un trasto viejo. Se enseñaron, imaginaron y jugaron. Una erupción de júbilo inundó el lugar, se sintió rodeada por una placenta de mar. Se acabaron las mariposas y la tortuga: se supieron. Vientre contra espalda y vientre contra vientre y caballo y jinete, ellos jugaron a jugar. Se miraron, con ojos de mirar, con los ojos de la carne, los ojos del espíritu ahora están cerrados, no quieren ver llegar la vejez, no quieren que se apague el deseo de la carne, la pasión no va a convertirse en cenizas. Su mirada está alerta y despierta pero los ojos del espíritu están cerrados. Si los abriera solo un instante, sentiría vértigo y se caerían. Los ojos de la carne desean, el ojo del espíritu se consume, él no debería estar aquí y el qué no está no está.
Si pudiéramos verla, sería interesante saber en qué está pensando ahora, por qué tiene esa misteriosa sonrisa de gata adormecida y satisfecha, satisfecha de jugos nocturnos, sabía que ahora reirían todo el rato por nada, solo tenían que descubrír algo que rimara con broche, por ejemplo anoche, derroche. Se reirían a carcajadas, derroché, derrochaste, derrochó. O buscarían palíndromos, más risa, ama, ala, anilina. A quien se le ocurriera una palabra podría pedir un deseo. ¿Qué deseo? ¿Qué más podría desear, que amar? Se contaron cosas, como escribiendo palabras, borrándolas y escribiendo otras encima. Poniendo títulos, subrayando con miradas y suspiros. Jugaron y escribieron persiguiendo vocablos. ¿Y si no se cumple mi deseo en la vida, que haré toda la vida? Quiere sentirse como una muñeca rusa preñada hasta la última generación, llena, hasta aquí, siempre así. Con él, así, siempre llena hasta aquí. Bajo la lluvia, vaga en la oscuridad una bruja cansada cuyo nombre es somnolencia, vaga y vaga, viene a por mí. Vaga en la noche, y en su ir y venir, la atraviesa, la quiere ver sonreír. Le cuenta de encantamientos, de amuletos y de sueños. Ella mete su mano entre el heno de ese pecho envejecido, recoge paja e intenta hacerse un nido. ¿La dejará el tiempo, los dientes del tiempo? Llegará el mordisco, no perdonará, el tiempo no lo hará; no entiende las brasas de mi noche ni la vergüenza de mi día, mi sangre convertida en miel caliente, espesa. Intenta callar para que su silencio le hable, para que le cuente que ha estado aquí y allá, has buscado y has llegado, éste es tu lugar. Y cuando languidezca el día, se vaya la lluvia y se seque la humedad, lo sabrás. Has llegado. Estás aquí. Has perdido a la tortuga.

La Elegía de todos

Llega en momento, o está llegando o llegará, pero ese momento empieza a llegar; y cuenta Philip Roth que es un momento desconcertante se mire por donde se mire, para el que nadie está preparado. Un momento de una tragedia enorme, un momento de nuestra rutina de vida que llega y asombra, la tragedia más cotidiana del hombre, el momento del envejecimiento y de sus circunstancias vitales. Sean cuales sean estas circunstancias, la inmensa certeza de envejecer es un peso enorme en nuestra alma.
En Elegía ese hombre no lleva nombre, porque da igual, podemos ser uno de nosotros, el sexo tampoco importa, supongo que los sentimientos son los mismos, las necesidades igual de apremiantes, los miedos aterradores, los deseos anhelantes, las pérdidas irrecuperables, ahí verdaderamente somos iguales. Todos tenemos muchas cruces que se quedan en el monte del olvido. Nosotros y nuestras estaciones de penitencias, un camino largo y duro, para llegar y estacionar en el último momento, solo eso.

Ahora y aquí en occidente, gracias al bienestar social y a la casi desintegración del antiguo concepto de familia, el hombre llega a ese momento en una completa soledad, sin saber donde agarrarse que no sean recuerdos, porque al “ahora” mejor no mirar, así está el ser humano que describe Roth en su libro. Un hombre que ha triunfado en su vida laboral, que ha disfrutado y sufrido algún que otro matrimonio, gozado de salud, placeres y sexo, que ha visto nacer a sus hijos; estaciones por las que pasamos todos. Una vida por lo tanto bastante normal y corriente, no en exceso distinta en experiencias y sucesos de cualquiera de las que vemos a diario a nuestro alrededor.
Ese hombre llega al final de un paseo al que nos sometemos todos, que no solo tiene que ver con las heridas físicas que el paso del tiempo va dejando en nosotros sino también con la lenta desaparición del mundo al que pertenecemos. Un mundo al que van abandonando los viejos paisajes del escenario personal, los compañeros y amigos de la existencia, las pasiones motrices, los amores que en su día lo fueron todo. Durante un tiempo, el protagonista tiene la sensación de que el componente que le falta de algún modo regresará para hacerle de nuevo inexpugnable, que los derechos cancelados por error serán restaurados y que podrá reanudar el camino allí donde lo estaba interrumpiendo, es la esperanza. Pero parece que no, como le ocurre a todos los ancianos, se encuentra en un proceso de creciente disminución y tendrá que pasar sus días sin sentido hasta el final, soportando impotente el deterioro físico, la tristeza terminal y la espera, la interminable espera de la nada.
Así son las cosas............ se dice el protagonista,.........esto es lo que no podía saber. Es el momento de preocuparse por la desaparición................ He alcanzado el remoto futuro.
Y cuando llega el momento............. llegan las circunstancias que no deben ser vergonzosas, pero lo son. No podemos imaginar, la dependencia, la impotencia, el aislamiento, el temor.......todo es tan atroz y vergonzoso. Los cambios físicos, la disminución de la virilidad, los errores que ha contraído su cuerpo y los golpes que le han ido deformando el alma.
Y se dice a sí mismo que debe hacerle caso omiso al momento. Se dice que no importa, que hay que hacer como si no existiera, es un espectro, que no importa. Es un fastidio, nada más que eso, no voy a concederle poder, no voy a cooperar con él. No pienso morder el anzuelo No voy a reaccionar, lo voy a atravesar con fuerza, a toda velocidad. Y te resignas y te sientes plenamente consciente de lo que está pasando, te enfrentas con valor a todo cuanto dejas atrás, tal vez sonriendo mientras lloras y recordando todos los placeres, todo lo que te ha emocionado y complacido, tu mente llena con centenares de momentos normales y corrientes que en su día significaron poco pero que ahora parecen especialmente destinados a inundar los días de una felicidad trillada. Y miras atrás y reparas lo que puedas reparar, mientras soportas la patética necesidad de que te consuelen porque no puedes cuidar de ti mismo, ya no, ya no puedes.

Y llega el momento: Y el autor habla con completa propiedad, se encuentra en esa estación, y se muestra implacable, no da muestra alguna de ternura por la situación del protagonista sin nombre. No analiza sus acciones, no hace juicio moral, no se posiciona, solo lo acompaña en un viaje a lo largo de su vida para mostrarnos la llegada del momento. Traza una razón para sí de la existencia. Nos hace ver que solo es una piedra, el gran peso de una losa pétrea y sepulcral que dice: la muerte es solo muerte.....no es más que eso. Porque para nuestro amigo y para Philip Roth es igual que para todos nosotros. Porque la fuerza más intensamente turbadora de la vida es la muerte. Porque la muerte es injusta. Porque una vez que has saboreado la vida, la muerte ni siquiera parece natural. Pero el momento de la muerte es una fuerza abrumadora que nos barre a todos. Llega el instante de estar liberados de “ser”, sin saberlo siquiera. Tal como habíamos sabido desde el principio.
Solo puede salvarte un milagro para sobrellevar este momento, da igual el nombre que le pongas, pero tiene que tener un don. El don de hacerte sentir esperanzado, tan esperanzado que en vez de cerrar los ojos para perder de vista el mundo los abras de par en par para contemplar el paso de los días. Y vivir así hasta el último segundo, pero no todo el mundo encuentra ese algo. Necesitaremos algo que nos ayude a irnos, que tenga ese don, el don del aliento.

Elegía es una cruda y sutil estampa en la que el escritor deja pintada una de las mayores catástrofes a las que se enfrenta el ser humano: su propio proceso de extinción. Así, la vejez es descrita como una masacre plasmada en un cuerpo antes sano y que ahora es humillado por la enfermedad y el cansancio, dando paso a una sensación terrorífica de dependencia y fragilidad, con la consiguiente hecatombe moral y espiritual, y con una necesidad de ternura infinita y de repasar con espíritu crítico las estaciones de nuestras vidas.
¡¡Dios mío, que miedo!! La vejez es una batalla, sino es con una cosa es con otra, es una batalla implacable, y precisamente cuando estás más débil y eres menos capaz de invocar tu viejo espíritu de lucha. Pero no, no, la vejez no es una batalla, la vejez es una masacre, dice el autor.

Es un libro de lectura triste y demoledora, un libro que probablemente solo puedan entender los que ya son un “poco” mayores para haber pasado muchas estaciones. El autor, ya consciente en carne propia de estos estragos, se muestra implacable con nuestro protagonista sin nombre, ni un atisbo de ternura, de contemplación, no enjuicia moralmente su vida ni su paso por ella, solamente se limita a entenderlo, demuestra una enorme comprensión y se limita a ser cronista de una muerte anunciada; eso sí............. con una enorme violencia psicológica.
Philip Roth también demuestra su tinta poética, dotando situaciones de la historia con un ritmo a dulce latido, recuerdos de la infancia del protagonista, la charla con el enterrador de sus padres y el que cavará su propia tumba, las reflexiones de una lucidez cegadora del anciano a solas y humillado por su decadencia.........hay párrafos que demuestran que el autor ha conseguido una obra maestra, como los compositores hacen con su música, creando una composición que generalmente siempre encierra un sentido de despedida y entendimiento. Philip Roth ha llegado a comprender algo de la existencia que a los demás se nos escapa y lo está aceptando, lo expresa con letras de despedida tranquila, serena, acogida y abrazada. En la Elegía de Roth hay una trágica, demoledora, asumida y conmovedora aceptación del final y lo que este significa.
Nacemos para vivir y sin embargo morimos.
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lunes, 8 de febrero de 2010

Despierto un cuadro


En estos momentos solo tiene la certeza de haber perdido un guante, de lo demás poco entiende, al ponerse el abrigo ha notado su falta, no sabe en qué momento del día se le ha caído del bolsillo… solo lo echa de menos, pero no la entristece. Como tantas noches no puede dormir, hace meses que no se saca la angustia de la cabeza, se siente tremendamente sola en su apartamento, ha tomado el solitario guante, y unas monedas sueltas. Su pequeño bolso lo ha dejado encima de la cama junto al libro abierto que estaba leyendo, las páginas contaban sobre álamos y urracas, decían algo de la apariencia que tenía todo, del cielo y de alguna sonrisa, como si la felicidad estuviera en el aire. Pero no se acuerda muy bien, no retiene lo que lee, solo acerca recuerdos a su cabeza y los sueña. “Le quiero mucho más que usted a mi” le decía esta tarde antes de dejarle… todo el día juntos y solos… No quiere ser la otra, no quiere seguir viviendo sola en ese pequeño rincón que rezuma lágrimas, noches de soledades y ausencias, esperas eternas de una llamada, una excusa… no puede dormir y decide bajar a tomarse un último café, antes de que se empiece a apagar las luces y la inviten a salir. Como cada noche esconderá su mirada bajo el sombreo, sus ojeras y su cansancio ocultos, para que no se interesen en sus ojos buscando su historia, como cada noche dejará que se enfríe el café antes de tomar un sorbo, como cada noche se sentara ante la taza y no tendrá ganas de moverse… Se ha acordado del guante….y no sabe dónde está pero poco le importa…. ¡¡Es que lo ama tanto!! … tampoco sabe dónde se encuentra ella misma, se siente perdida en su tristeza, atada a un destino, le duele el corazón y su latido a veces la abre a codazos, algo le golpea en las sienes, aspira a espasmos, no le basta la boca, no basta la nariz para respirar; el aire le viene a sorbos cortos, la llena, se queda, la ahoga, para irse luego a bocanadas secas, dejándola herida, con el pecho apretado y vacío. Nota como le rechina el miedo y los sentimientos, esta cansada, muy cansada. Devuelve la vida por los ojos pintados y roídos de grises, son tristes Es un constante e invisible sollozo seco el que la acompaña, trata de esquivar nuestros ojos mientras la observamos…ella y nosotros sabemos que es tarde, debe irse pero no puede moverse, sigue mirando la taza y sintiendo su duro latido por todo el cuerpo, late con ella el suelo, late hacia abajo y hacia los costados. Está muy cansada, se cansa de ser la otra, se cansa de tanta espera, de ocultar los sentimientos y callar. Se cansa de llorar… sabe que la estamos mirando y no levanta la mirada del café, quiere parar el mundo, apretar los dientes, los puños y las entrañas. A veces quiere rezar y no sabe, solo sabe que su ángel de la guarda tiene apolillada el ala.… Tiene que comprarse otros guantes… quiere descruzar las piernas y no puede moverse, siente un hormigueo de cansancio pasearle por las venas, siente las piernas cansadas, quiere cambiar de postura y no lo consigue, debería irse a descansar y volver a la felicidad ajena que cuenta el libro. El dice amarla y la invita a la espera… ¿Esperar qué?... Ella no sabe dónde está el guante ni tampoco sabe que se pasará toda su vida quieta en un cuadro. No sabe que alguien pintara algún día su callado silencio, qué viajará por el mundo dormida en un lienzo. Si se viera se sentiría elegante con su abrigo verde de paño y su sombrero. Solo sabe de su enorme angustia de quererlo, de esa intranquilidad constante, solo sabe de sus ojos que la buscan, de su olor, siempre testigo de una locura. Solo se sabe entera cuando él le echa su piel encima, y se separan del mundo, solo así se siente ella. Solo sabe que no sabe qué hacer, que se siente sola. Se amontonan las mentiras, las risas nerviosas, los disimulos y las palabras fingidas. Se le amontona todo, solo sabe que el café se ha quedado frío, tendría que hacer algo con su vida pero ni siquiera sabe si está viva. Ella es esta y no otra, quién siempre esta sola en la vigilia y si duerme, lo hace en un sueño. Se siente enferma, las piernas se le derramaran despacio siempre cruzadas, se nota mareada, un pequeño sudor nervioso le cubre el pecho, se va desprendiendo por dentro a trocitos, sola rebosa, bulle…siente una pena que la taladra y la quema, en esa inmovilidad a la que estará condenada siempre, se tiene que levantar y no quiere moverse, se siente loca, triste, lenta. Está aburrida y quiere exigir una vida auténtica, lo pediría a gritos si pudiera, ahora que aún se siente joven, se siente hermosa. No sabe que siempre será una extraña para mil ojos, que se preguntarán por ella y por su guante perdido, no sabe que se pasará la vida ahí sentada sin poder levantarse, no irá a ninguna parte, no tiene equipaje; si alguna vez llega a tomarse el café y lee su futuro en el fondo de su taza verá que no tiene porvenir, su guante no aparecerá, ella le seguirá amando a él mucho más, seguirá esperando y cansada, muy cansada de esperar. Él siempre la envolverá, sonará en sus sueños, poblará sus vigilias, y la acompañará en sus terrores; solo tendrá su piel pero no su alma. No sabe que nunca hablará porque tiene agujereada la piel de las palabras, no tendrían sentido, no la entenderíamos, esta condenada al silencio. Esa silla siempre estará vacía aunque todos los que la vemos queramos sentarnos en ella, tomarle la barbilla, levantarle la mirada y conocerla. Ella aún no sabe que siempre estará sola.

martes, 2 de febrero de 2010

Espuma de arpón.

Quiero escribir y me sale sangre, quiero escribir, y no me sale espuma, antes escribía y me brotaba espuma de mar y sal, ahora escribo y me mana sangre. Todos los días desde ese día amanezco a ciegas, rara vez sueño, al menos no sé que sueño. Es el óxido de mi cuerpo el que arrastra y me trae en una masa compacta los horribles sedimentos del pasado, es atroz ese sentimiento, esos ensueños hacen que me despierte entre gritos de terror. Quiero escribir, quiero decir muchísimo y me atollo, no hay pensamiento sin nudo, no hay pensamiento que no llegue a bruma. En el rincón aquel donde durmieron juntos tantas noches, ya no puedo pensar porque me ahogo.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. El la quiso, y a veces ella también le quiso, en noches como esta la tuvo entre sus brazos. Una noche así, lluviosa, entre mares, ya lejos de los dos, salto de pronto y despierto. Es el sueño de una historia triste,…..él era ballenero, y yo iba con él a la mar, pero cuando las ballenas no pasan por mi tierra, esta pequeña bahía de las Azores…………..los pescadores pescan morenas , en noches de luna llena y para llamarlas se cantaba una canción sin palabras: era un canto, una melodía primero susurrante y lánguida y después aguda, jamás he oído un canto tan lastimero, parecía que viniese del fondo del mar o de ánimas perdidas en la noche, era un canto antiguo como nuestras islas, ahora ya nadie lo conoce, se ha perdido, y quizás más vale así porque llevaba en sí una maldición, un destino, como un sortilegio. Él me sujetaba en su mano y comenzaba a cantar, a esperar, a cantar y a esperar, su voz era especial. ¡¡Qué bonito oírle cantar!! Estaba muy solo, su madre murió, su padre se volvió taciturno, callado, y sus hermanos dejaron la mar. Sólo pescábamos él y yo. A veces recurríamos a jornaleros, no podemos salir a la mar menos de cinco. A él le gustaba jugar al amor y bajaba todos los días al puerto, en Europa eran tiempos de guerra y los barcos iban y venían.
La encontró un domingo en Porto Pim, iba vestida de blanco, parecía salida de un cuadro. Se miraron largamente, es extraño como el amor puede entrar dentro de dos. En él entró al observar dos arruguitas apenas insinuadas que tenía ella en torno a los ojos y pensó: ya no es muy joven. Ella cogió su maleta y se quedó. Desde ese momento él no la pudo olvidar, ella le ardía en sus sienes y la buscó, la buscaba todas las noches hasta que la encontró. El me lo contó.
Ella bajaba una noche por la bahía, él la siguió, caminaba ligera sin darse la vuelta. Al otro lado del golfo, donde termina el promontorio, solitaria entre las rocas, entre un cañaveral y una palmera hay una casa de piedra. Quizás la hayas visto cuando paseas por allí, ahora es una casa deshabitada y las ventanas se están cayendo, tiene un algo siniestro. Ella vivía allí, pero entonces era una casa blanca, con recuadros azules en torno a puertas y ventanas. El la siguió, ella entró y apagó la luz, el se sentó sobre una roca y esperó. Esperó hasta que en medio de la noche se iluminó una ventana, ella se asomó y le miró, se miraron …………..déjame entrar, le suplicó. Ella le dejó. Las noches en Porto Pim son silenciosas, basta susurrar en la oscuridad para oírse en la distancia y yo desde aquí lo oí. Estaba saliendo la luna, con un velo encarnado de luna estival. Yo sentí una congoja, el agua chapoteaba en torno a mí, todo era demasiado intenso y yo lo presentí, su sangre la sentí. Entonces, una vez dentro, abrazado a ella, el comenzó a cantar. Lo cantó despacio como un lamento o una súplica, ella solo le dijo, Yeborath, dijo tan solo eso.
En ese momento el me empezó a abandonar, me envolvió en hule y me colgó en el clavo de la cocina, cogió su viola y se empezó a marchar.
Desde esa noche, ella le esperaba siempre en la casa de la bahía, y ya no tenía que llamar. Ella le pedía que cantara su reclamo bajito con la ventana abierta, y que la amara mientras miraba la luna. ¿Quién eres y de donde vienes? Le preguntaba el arponero y ella reía y desnuda le decía, espera un poco. Yo lo sentía, sabía que pasaría, a él lo conocía de pasar muchas noches esperando bajo la luna. Ahora sé que no fue un sueño, que quiero escribir y me sale sangre y no espuma. Yo me moría de celos de verles juntos, de oírle cantar…………tan lejos.
Ocurrió el diez de agosto. Por San Lorenzo el cielo está lleno de estrellas fugaces, conté trece desde el lugar donde estoy colgado, él me dejó allí. Fue a buscarla, la puerta la encontró cerrada y llamó. Luego volvió a llamar, porque vio luz. Ella le dijo…… me voy mañana, la persona que esperaba ha vuelto. Sonreía como dándole las gracias por sus cantos. El vio un hombre, ¿Qué quiere? Preguntó el extraño, en otra lengua que él ahora entendía. Está borracho, dijo ella, antes era ballenero pero ha dejado el arpón, por la viola, durante tu ausencia me ha ayudado. Dile que se vaya, dijo el hombre sin mirarlo.
El volvió su cara, recorrió el golfo sin pisar el suelo, como si volara, no pensaba en nada, porque no quería pensar. La casa de su padre estaba a oscuras, entró sin encender la luz, pero él viejo le oyó. Has vuelto, murmuró. Él fue a la pared del fondo y me descolgó, a mí, a su arpón. No se va a cazar ballenas a estas horas, dijo el padre desde su rincón. Es una morena, dijo él. No sé si entendió lo que quería decir, pero no se movió ni replicó, pero creí ver que hizo un gesto con la mano y se despidió, de él, de mí, de los dos.
Ya no se volvieron a ver, murió mucho antes de que él cumpliera la pena, yo tampoco sé de él. Me usó para lo que la realidad no fue capaz de arreglar y me dejó. Fue el pago a una traición de la mujer que creyó suya. Él era un animal vengativo, ¿Sabes lo que es la traición? Él sí lo aprendió, y yo. Él ya no me lleva al mar, no está conmigo. Ya las morenas no escuchan su canción, él no espera la luna ni ve el sol.
En noches como esta el viento silva y cuenta como su alma no estaba contenta con haberla perdido, es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. La noche está estrellada y ella no está conmigo, se quejaba allí metido; pensar que no la tengo, que nunca la he tenido. Sentir que la he perdido. Como para acercarla, su mirada la busca. Mi corazón la busca, y ella no está conmigo, gritaba. Su voz buscaba el viento, para rozar su oído. Yeborath, eso fue en lo único que no le mintió, la única verdad que dijo.
Aunque este sea el último dolor que ella me causa, así lo pensó y me buscó. Vino a por mí para matar. Y no en el mar.
De otro, ya era de otro. Como antes de mis besos. Sus ojos infinitos marcaron el destino de esta vida mía, así pensaba y así penaba..
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. Allá a lo lejos.
Nosotros los de entonces, ya no somos los mismos, ella no está, Lucas así no vive, yo solo soy un arpón ensangrentado y herido.


miércoles, 27 de enero de 2010

Salinas y alrededores

Padre nuestro que estás en los cielos..... Por qué consentiste que la amara tanto si tú le ataste de pies y manos, si le sabías encadenado de por vida .... Tú, que santificaste tu propio nombre, no pudiste santificar esa unión en libertad… Sí, es cierto que siempre se hizo tu voluntad, solo se quebró algo cuando volviste un segundo la espalda, pero fue corto…aquí en la tierra tu decisión se impuso, no sabremos nunca qué paso en el cielo. Si pregonas amor en tu reino… ¿Por qué tuvo que ser a escondidas? ¿Por qué les cerraste las puertas de tu casa? …Supiste darles el pan de cada día pero no la dicha diaria. Dices perdonar nuestras ofensas, pero quizás él no te suplicó el perdón porque no se sentía pecador, solo estaba enamorado. Tú que tanto y tanto proclamas tu amor, ¿Por qué lo condenaste a ese lamento eterno? Quizás te refieras a otra clase de amor, quizás no entiendas, quizás nunca te has enamorado, pero ese amor era sincero ¿Por qué no hiciste justa su unión?... A ti, que te pedimos a coro: No nos dejes caer en la tentación y sin embargo le hiciste caer en sus brazos, para luego arrebatarla de su lado. Le volviste la espalda enviándolo a un destierro donde sintió el vacío dejado por ella, la que le abrió las venas y le hizo ver el dolor en su propia sangre. ¡¡Atiende Padre!! Él solo quería tenerla dentro, como su propio corazón, que jamás verá, tocará y cuyos latidos no se cansan nunca de darle la vida hasta que se muera. Que esa mala ausencia no le sea olvido, ni fuga, ni llanto. Sino que le sea posesión total del alma lejana, eterna presencia.
¡¡Pobre Salinas!!
Dijo conocerla de repente, en ese desgarramiento brutal de tiniebla y luz, en ese instante se dio cuenta que todas las cosas que creía perdidas, no se perdieron nunca. Todas las guardaba ella. Lo que estaba llamando olvido era ella, ¡Qué tragedia! Tenerla y no tenerla, saberlo y ser consciente. ¡¡No, Salinas!! buen poeta, tenías que vivirlo dentro, te lo tenías que soñar. Y aunque ese hecho mismo se te niegue, te llenaba la vida, ese puro volar sin hora quieta, ese vivir buscándola: y en esa salvación querer salvarte.
¡¡Cuánto amor!! Cuanto ir y venir de letras que cruzan océanos, que llegan a deshora pero nunca tarde, cuanta espera y cuanta dicha. Ella supo volverte los misterios del revés, cambió el ritmo de tu reloj, inundó tus brazos de dicha y desbarató tu corazón. Pero miedo, ¡Cuánto miedo! De ti, de ella, de Dios. Quererla era el más alto riesgo, esperanzas delgadas, sombras oscuras y distancias. Era un vivir temblando de futuro, sentirla de prisa, segundos, siglos, siempres, nadas. Y quererla, tanto, que cuando llegue alguien a pedírtela, aunque sea suya, no la soltarás del todo. Y cuando se vaya dócil a su destino, volverá la cabeza mirándote. Y verás que ahora y siempre será tuya. Lo que él te pide ahora es tenerte dentro, no es un beso, una mirada, ya no necesita que a sus ojos les des presencia. El te quiere más cerca, dentro. Como el viento está invisible, dando su vida a la vela. Lo que el te pide es que seas alma de su ánima, sangre de su sangre dentro de las venas
¡¡Llámala, Salinas!! Dile: “Yo te quiero. Soy yo” Ve a buscarla, de prisa, la alegría, atropellada, loca… y pídele que se desprenda del deseo, del quiero, y ebria toda en su esencia, no le pidas nada, solo abrázala. No obedezcas a gritos, a alarmas ni amenazas. Aplasta bajo tus pies ligeros tus cadenas y el mundo y ¡¡No dejes de quererla!! Dile que la amas, en horizontal, sí, te quiero. Mírale la cara al cielo, de cara. No finjas un equilibrio que no existe entre tu y ella, déjate caer en ella.
¿Por qué Katherine ? Tú que le quisiste y le quieres, como el mar quiere a su agua: desde fuera, por arriba, haciéndose sin parar con ella tormentas, nubes, albergues, descansos, calmas. ¿Por qué volviste tu mirar hacia otro rostro? ¿Porqué le dejaste solo? Hiciste que salieran de sus versos un largo reproche, una queja continua que respira y un eterno lamento. Desde aquí se le oye, ya no cantan los tés de las teteras, ya perdió su patria y su destino, ha perdido su amor y sus amigos. Ya se ha ido.
¡Qué olvidadas se sienten sus palabras….qué olvidadas se sienten las distancias… qué olvidados se encuentran los abrazos…qué olvidados sus ojos que un día, te prometieron tanto! Tú te marchaste de él: eras su vida. ¿Por qué te has convertido en abanico antiguo, en cadáver de un sueño, el cadáver de un sueño en carne viva? ¿Le ves, Katherine? es un hombre de pie, que tuvo un sueño, y alguien se lo mató. Se lo siente en las manos, enormes fosas llenas de tu falta. El vive, pero finge, porque ya antes de ser su propio muerto está siendo el cadáver de un sueño. Que importa que no te tenga, no importa que no te vea. Antes te abrazaba, antes te miraba, te buscaba toda, te quería entera. No hay más estampas. Cerramos memoria, él se ha hecho sombra y ese amor ha dejado de soñarse.
Padre nuestro que seguirás en los cielos, yo quisiera saber por qué no supiste arreglarlo a tiempo, por qué le llamaste tan pronto a tu presencia, quizás una palabra tuya hubiera bastado para sanarle esa llaga, él se quedó muy solo, de ella no sabemos el color de su dolor ni el grosor de su llanto. Yo no tengo potestad de dar perdones, no creo que él obrara falta en ningún sitio, pero aún así, sé que en palabras tuyas puede estar la absolución, ya te oímos “Quién esté libre de pecado, arroje la primera piedra”….. ¿La arrojarás tú? No le hagas daño ni mal, déjales correr, como el agua loca, que corre montañas. Ese daño que hace el hombre al agua, esa orgía de si misma, bailarina de oficio, es pararla. Por eso, déjales vivir tranquilos, soñar de puntillas, no castigues. Salinas, el poeta roto, creó un mundo poético para los dos, un mundo alentado por la pasión, donde se vive el deseo de los amantes, donde no hay distancias, donde lo exterior es relleno, donde no importan gestas o actos, donde todo es sueño. Señor, tu que vives y reinas por los siglos de los siglos, déjales donde estén, quererse en paz.